martes, 27 de diciembre de 2016

Buenos propósitos con imprimible

Buenos propósitos. Buenas intenciones. Cositas que queremos (de verdad) hacer. Objetivos bonicos y nobles. La cosa es que todo esto está mu bien, pero...

Si os digo la verdad esto de los buenos propósitos para año nuevo no me vuelve muy loca: me parece que con esto de que el año se acaba, que tenemos un subidón de azúcar turronero y que nos hemos tomado dos copas (o una, lo bonito de beber de higos a brevas es que con que tus labios toquen el borde del vaso ya vas pedo), nos ponemos un poco estupendos, y lo que es mejor, nos creemos que vamos a ser constantes en nuestro estupendismo los siguientes 365 días. 

A ver, que hacer planes y tener metas chachis es positivo, de hecho es necesario para estar bien, pero claro, hay que ver qué metas nos marcamos. ¿Son realistas? ¿Son alcanzables? ¿De verdad es factible pirarte tú sola a dar la vuelta al mundo mes y medio? Que sí, que apetecerte te apetece pero, llámame loca, ¿no es mejor quizá empezar por intentar escaparte un fin de semana? (o una tarde, que no es moco de pavo teniendo en cuenta que somos madres). 

Si estos días te vas a plantear los buenos propósitos para el 2017 aquí tienes unos cuantos tips que lo mismo te sirven: 
  1. No hablemos de "Buenos propósitos" (eso suena a "me los voy a pasar por el arco del triunfo" en 3, 2, 1...), sino de Objetivos.
  2. Los objetivos han de ser realistas, factibles, nada de "Ver una peli -entera- cada noche", porque eso va a ser MENTIRA DEL TÓ, tú lo sabes, yo lo sé, y sobre todo nuestros retoños lo saben.
  3. Los objetivos tienen que estar bien definidos y ser concretos, muy concretos. Si pongo titulares abiertos, ¿cómo y cuándo sabré que los he alcanzado? Es más difícil valorar los logros si no tenemos una meta concreta. "Ir al gimnasio", "Perder peso"... ¿Cuántos días a la semana quiero/puedo ir al gimnasio? ¿Cuánto peso creo que es factible que pierda (antes de querer atracar la pastelería de al lado de casa)? A eso me refiero, objetivos clarinetes: "Ir al gimnasio dos días a la semana", "Perder 5 kilos de aquí a Junio".
  4. Si se puede, dividir cada objetivo en subpuntos, así podemos ir tachando "minilogros", y con eso una se motiva mucho más para seguir. 
  5. Ir "valorando cómo va el proceso". Si por ejemplo tu objetivo es perder peso en seis meses, no esperes a que estemos en Junio para decir "Oye, pues a juzgar por cómo me aprietan los vaqueros mi plan de comidas no ha funcionado". Como queremos conseguirlo es fundamental "evaluar cómo va la cosa" de cara a comprobar si nuestra estrategia es la correcta o decidir que hay que abordarlo de otra manera antes de que nos demos por vencidos. 
  6. Poner al lado de cada objetivo por qué queremos cumplirlo. Parece una obviedad, pero una vez que estés en el bucle del día a día esto se te olvidará, pero si lo tienes ahí, escrito, visible, te vendrás arriba. Nota: créeme, como técnica de motivación es mejor esto que poner la foto de la Pataky colgada en tu nevera. Aprovecho para decir... Stop "poner fotos de señoras estupendas en los frigoríficos"!!!! Eso es MAL: vas a abrir la nevera igual, vas a comer igual, pero te vas a sentir como el culoooo (y no precisamente el de "la señora de Thor"). 
Como decía, tener objetivos mola, nos mueve, pero lo que no mola es que en lugar de servir para reforzarnos lo convirtamos en algo para fustigarnos. Fustigarse es caca de la vaca. 

Y para que esto no se quede en ná he hecho un imprimible, un papelico en el que apuntar esos planes malvados para este 2017. Es una chorradilla, pero si escribimos las cosas es más potente que si solo las pensamos... ¡Espero que os guste!




Si te mola (aunque sea un poquito) comparte, ¡que eso me hace feliz de la vida!



¿Tienes algún objetivo claro para este 2017? ¿Es realista? Jijijiji ;)

Besitos de madre en modo "planificadora"

martes, 13 de diciembre de 2016

Oh, es Navidad

Antes de ser madre...

  • Antes quizá eran las luces en las calles las que te indicaban que ya había llegado.
  • Antes quizá era el toparte con una montaña de mantecados a granel en el súper.
  • Antes quizá era el tener que pensar en dónde ibas a pasar las vacaciones (qué bonito eso de "vacaciones").
  • Antes... Eso era antes. 

Ahora que eres madre sabes que es Navidad por otros motivos. 

  • Ahora lo sabes porque de pronto tu hijo empieza a decir cosas raras, palabros en idiomas desconocidos y extraños: ¡Quiero a Jerome de Super Wings! What? ¿Me lo repite, porfa? ¿Quéseso?
  • Ahora lo sabes porque ni vacaciones ni vacacionas, lo que tienes que cuadrar es a ver qué carajo haces con tu retoño que tiene como dos mil días de vacaciones (y tú no, claro).
  • Ahora lo sabes porque la primera frase que escuchas por la mañana no es "Buenos días" sino "¿Hoy viene ya Papá Noel?"
  • Ahora lo sabes porque no es tu turrón favorito lo que buscas desesperada en el súper, sino el juguete que ha pedido tu hijo... tu hijo y otros seis millones de niños y que se agotó el primer día que salió a la venta. (Suerte a todos, por cierto)

Pues eso, que...


Pero también lo sabes porque de pronto estas fechas que antes eran un poco pichí-pichá ahora en realidad molan. 
También lo sabes porque una extraña ilusión (puro contagio) te invade.
También lo sabes porque no puede molar más la Navidad que cuando eres mami, y la (re)vives a través de la mirada de un peque. 

Ains, toy tontorrona. 

PD: En breve (más me vale darme prisa o no llego) anuncio una cosita molona y con espíritu navideño (joujoujou). 

Besitos de madre fun fun fun. 

jueves, 1 de diciembre de 2016

La etapa del ¿Por qué?

Del creador de "No" como respuesta a todo llega una nueva y angustiosa película: "Mamá, ¿por qué?"

No sé si alguna vez alguien se ha parado a contar cuántas preguntas puede llegar a lanzar por minuto un retoño estándar, pero la cifra debe dar hasta miedo. Yo tengo miedo. 

Entrar en uno de esos bucles de "¿por qué?" es el Ikea de la maternidad
  1. Tú te crees que vas a salir rápido (spoiler: no va a ser así)
  2. Es muy posible que te pierdas
  3. Como estés mucho rato "dentro" te va a doler la cabeza
  4. Al final sales con algo distinto a lo que en realidad querías
¿Y qué tiene esto último que ver con esta fase de los peques? Pues mucho. Sí, porque de nuestras conversaciones con nuestros hijos porqueros no salimos exactamente como esperábamos... porque aunque todas, todos, vamos con muy buenas intenciones, esto es el ejemplo paradigmático del "donde dije digo, digo Diego" de la maternidad. Veamos: 
Antes de entrar en esta fase del infierno cerebral amor pequeño casi todos nos ponemos estupendos y pensamos que cuando le toque a nuestro retoño responderemos a todas sus preguntas, le haremos caso porque es una etapa importante de su desarrollo, y hay que incentivar su curiosidad y... BLA BLA BLA. Qué ideales somos. Pero mira, cuando tu hijo te ha fusilado a preguntas durante días, semanas, tu brain da para lo que da, es decir, para más bien poco. 
Es en este punto de cocido cerebral cuando te oyes pronunciar esa maravillosa frase, esas cuatro palabras que dijiste que no dirías, ese topicazo de la maternidad, esa gloria bendita dialéctica, ese gol de la historia de la humanidad transmitido de generación en generación, esa perla educativa, el wonderful PORQUE LO DIGO YO. Y lo más bonito es que te da alivio (Aunque dura cero coma y luego encima te fustigas. Bravo). 
Si pensabas que el mundo era algo "finito", limitado, es porque no te has parado a hablar con un pequeño que esté en esta etapa. Te animo a ello si es que no lo has disfrutado aún y tienes cinco o diez... horas libres.

Aquí algunos ejemplos vividos en nuestras cannnnes, para disfrute humano particular:
  • En la calle:
    • (Nos cruzamos con una chica de veintipocos que iba hablando por teléfono)
    • Mamá, ¿por qué ha dicho eso esa señora?
    • (la chica nos fulmina con la mirada)
  • En la cama, dos de la mañana: 
    • Mamaaaaa, tráeme aguaaaaa
    • Toma
    • Mamá, ¿por qué me traes agua?
    • (Inspirar, espirar. Repeat. Y luego aguántate la risa.)
  • En casa, antes de la cena:
    • Mamá, ¿por qué haces sopa?
    • Porque tenemos que comer y la sopa te gusta
    • ¿Por qué tenemos que comer?
    • Porque las personas necesitamos comer, es como la gasolina de los coches
    • ¿Y por qué?
    • Porque si no se quedan parados y no pueden funcionar
    • ¿Y por qué se quedan parados?
    • Porque no tienen gasolina
    • ¿Y por qué no tienen gasolina?
    • Era un ejemplo, te explicaba por qué tenemos que comer
    • Yo quiero sopa
    • Ya mismo está lista
    • ¿Por qué?
No puedo explicar con palabras mi cara. Esta última conversación siguió durante lo que a mi me parecieron horas. En bucle. Non stop. KO. Ni sopa ni sopo, yo ya no sabía ni lo que hacía. 

Hijo: 1 - Cerebro de mami: 0

Ay, esta etapa es la monder lironder. La cuestión es que de tanto escuchar "¿y por qué?" todo el rato al final tú misma te planteas un por qué, concretamente ¿por qué no estaré yo ahora mismo en un spa? Socorrito. 

Y a tí, ¿te ha caído ya alguna avalancha preguntera?
¿Tu hijo te ha cocido a preguntas?
¿Alguna te ha hecho pasar vergüenza? Cuéntamela jajajaja
¿Has perdido el conocimiento alguna vez?
¿Alguien ha conseguido llegar al final del hilo y dar respuesta a todas las preguntas de su hijo?
¿Eso es posible? 



Besitos de madre con el cerebro ahogao, aunque a veces es de la risa. 
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