martes, 31 de octubre de 2017

Halloween: tres historias de terror... de padres

Esta noche se celebra Halloween, una festividad que ha venido a complicarnos la vida obligándonos a comprar o a hacer otro disfraz más al año ha llegado para quedarse. No sé qué relación tenéis vosotras con esta fiesta, pero yo he pasado por tres estadios en relación a ella in my life: 
  1. Adolescente/Jovenssssita: ¿Fiesta? ¿De disfraces? ¿Y de temática de terror? ¿Dónde hay que apuntarse, oiga? Me hubiera dado igual que se llamara Sponkigüini y se celebrara a mediados de mayo, el plan tenía todos los ingredientes que una criatura alegre y básicamente compuesta de hormonas teen necesitaba. 
  2. Hola, treintena: aquí la cosa va cuesta abajo y sin frenos y Halloween pierde enteros estrellándose de bruces frente a un muro inquebrantable: mi sofá y mi tele. 
  3. Soy madre, ya no controlo mi vida: con la llegada de los hijos una acepta que va a comerse un montón de marrones pasar sí o sí por algunas cosas. Pero la verdad es que no cuesta porque, y ruego se me permita la caída de baba hormonal, ver cómo se lo pasan de bien los peques hace que todo mole un montón. (No admito quejas sobre este punto, estoy tierna y ya está, es mi derecho como embarazada.) 
Total, que esto, como la Navidad (al menos en nuestro caso) es algo que ha revivido gracias a ser papis. Peeeeeeeeeeeero con sus cambios, porque yo al menos a día de hoy soy absolutamente incapaz de ver películas de terror, especialmente si salen niños en ellas. No puedo, es que no puedo, y eso que yo era de las que iba al Festival de cine fantástico de Málaga con brillo en los ojos a ver la última de mi primo George A. Romero o lo que encartase. 

¿Os pasa? ¿Habéis desarrollado intolerancia al terror tras la paternidad? Bueno, quizá intolerancia no sea la palabra, quizá más bien es que ahora nuestros miedos son otros, ¿verdad? Y no, no me refiero a que les suceda algo a nuestros retoños (eso más que miedo es pánico), me refiero más bien a que hay cositas que antes ni nos planteábamos ni nos afectaban y ahora pueden llevarnos de cabeza al microinfarto.

Te cuento tres historias breves de terror paternal que harán que se te pongan los pelillos de punta, hasta los de las piernas (y mira que eso es difícil, porque no te los has depilado desde agosto y tienen un grosor y un largo que da gloria verlos).


LA PREGUNTA

El terror puede llegar cuando menos te lo esperas, unas pocas palabras pueden hacer que hasta los más valientes padres y madres tiemblen. Estás tan ricamente en tu casa un domingo por la tarde. Todo parece tranquilo... demasiado tranquilo quizá. Entonces tu hijo, que hasta ese momento ha estado jugando solo (¡milagro!), aparece ante vosotros y os hace LA pregunta: Papá, mamá, ¿dónde están mis dibujos y las cosas que he hecho en el cole? 


SILENCIO

Octubre. En tu pueblo. Una madre decide levantarse temprano para poder desayunar como las personas tranquilamente. Se pone la alarma, hoy eso no le molesta (total, lleva desde que es madre sin necesitar despertador gracias a sus retoños) y a la primera nota, al primer sonido reacciona rauda y o apaga: no vaya a despertarse nadie, por favor.

Tranquila, sin prisa pero alerta, prepara café, tostadas y un yogur con un poco de fruta. Sentada en la mesa de la cocina se queda absorta leyendo un montón de chorradas en Twitter las noticias. El café hace efecto y la joven madre se dirige que se las pela al baño. Todo está en calma. Todos duermen.

Ella aprovecha para seguir mirando tontás en Facebook las noticias cuando un extraño sonido la saca de su estado de concentración. ¿Qué ha sido eso? Bah, seguro que no es nada, piensa ella. Pero no pasan ni dos segundos cuando un nuevo y desconcertante ruido rompe el silencio mañanero.

Tímidamente, aún sentada en el WC, con las bragas (y la dignidad) por los tobillos, abre la puerta del baño para asegurarse de que todo está bien.

Silencio. El más absoluto silencio reina en su casa. Están todos dormidos, jejeje, qué bien, otro ratito para mi... Se dispone a cerrar la puerta del baño pero antes de que la puerta encaje definitivamente en el marco una sombra, un ente, un ser en forma de manita se interpone impidiéndolo. Mami, ¿qué hasssse? ¿Estás haciendo caca? Yo me hago caca. Y tengo hambre. Ella lo sabe: todo ha acabado.



MICROCUENTO


(Avertencia: estas doce palabras pueden provocar que te hagas caquita encima.)

Te han añadido al grupo de whatsapp de los padres del cole.

Ahí lo llevas. Grita si ves que lo necesitas. Terror. Y del bueno. Pero para terror...






Sí, los padres también tenemos pesadillas... y no pocas, oye.

¿Hay algo que te de especial pavor ahora que eres madre? ¿Te ha llegado ya el whatsapp de los piojos? 

Besitos de madre halloweenera. Muajajaja. 

martes, 24 de octubre de 2017

Y lo que llevo en el bombo es...

¿Niño o niña? ¿Qué será, serááááá?

La verdad es que nos daba exactamente igual. Y cuando digo exactamente es exactamente: ni un gramo de inclinación hacia un sexo u otro. Fuera niño o fuera niña los íbamos a educar exactamente de la mismica manera, así que... ¿qué más da?

Pero al parecer esta no inclinación por un sexo o por otro no es compartida por el resto de la humanidad. No, la gente (ay, la gente) tiene una opinión clara y contundente acerca de lo que es MEJOR y de lo que DEBERÍAS TENER en tu barriga. Muy bien todo. 


Cuando la peña nos preguntaba, pero nosotros aún no sabíamos lo que tenía entre las piernas nuestra pequeña criatura, disfrutamos de un montón de comentarios de mierda opiniones de mierda gratuitas al respecto. Algunas de ellas, las que han alcanzado el podio, the very best capullest in order of indigneishon son: 

  • "Ay, tiene que ser una niña, porque si no quién os va a ayudar y cuidar". ¿Hola? Perdone, le está sonando el móvil, probablemente sea de 1852, para que vuelva, que le echan de menos. ¿Cómo que cuidar? ¿Para eso nacemos las niñas, para cuidar? ¿Los niños no cuidan? ¿Los niños no ayudan? Estoy hasta el Pepe Tous de que se asocie el rol de cuidadora a las mujeres. Ya está bien, amigos, ya está bien. 
  • "Tiene que ser un niño, porque las niñas son de los padres y así éste también es para ti." Loqui and the loquer me quedé. Es curioso que de 19 palabras 19 estén mal. El tema entonces es que hay que tener hijos del sexo contrario al tuyo PARA QUE TE QUIERAN y SER ESPECIAL. Si me compro un hámster, ¿debería ser macho para que deje un poco de lado esa indiferencia de los roedores y me mire más ? En fin, estupendo todo. 
  • "Tiene que ser una niña, que son más cariñosas que los niños". Este comentario, que quizá a priori no parezca el peor de los tres, a mí es de los que más me envenenó el corasao: primero por lo de siempre, por poner ya etiquetas cuando aún no ha nacido la criatura, por condicionar a los sexos tantísimo, copón ya. Segundo porque si usted que me dice eso lo está verbalizando con esa alegría es que lo piensa y lo practica, con lo cual vaya caca de mundo. Y tercero, por Migordi, porque es niño, tiene pene, y es divertido, ocurrente, inteligente... y también cariñoso, mucho, muchísimo. ¿Por qué "capar" a los niños su capacidad de demostraciones de afecto ya desde el vientre materno, leñe? Ofú, qué cabreo. 
Hubo alguna más, pero estas son las mejores/peores. A raíz de un tweet que puse al respecto me llegaron comentarios maravillosos recibidos por otras compis. Os pongo algunos de ellos, para regocijo comunitario: 

@rosomuro: "¿Otro niño? Mejor, son más nobles. Y, total, las niñas te dejan tirada si se enamoran de uno de fuera".
@Irenemore13: "A mí a punto estuvieron de darme el pésame varias veces porque el 2º también era un chico, ¡¡después de decirles que estaba encantada!!"
@BebesPeques: "A mí me han dicho que a ver si es niña para que me cuide cuando yo sea mayor, porque los niños acaban abandonando a las madres". 
@Mamas_FullTime: "A mí me dijeron que qué mal lo hacía por tener primero un niño, que primero se tiene a una niña para que te cuide cuando seas anciano..."

Mola, ¿eh? Como dijo mi querida Patricia Tablado (@Patchgirl): "La gente no tiene monólogo interior". Amén. 

Total, que una fiesta. Pero vamos a lo que vamos, a desvelar qué llevo en el bombo... porque si me despisto un poco más en lugar de contaros si lo que traigo es niño o niña os cuento qué carrera ha elegido para la universidad. Ejem. 


Sí, ¡es otro niño! Y me parece estupendo y maravilloso, y estamos recontentos... y nos viene quetecagas bien y todo porque va a nacer en las mismas fechas que su hermano y ¡Vamos a aprovechar toda la ropa! ¡Oeoeoeoe!

Y sí, desde que lo sabemos los comentarios han seguido por la misma línea, pero con su poquito de más mala baba: "Ay, qué lástima, tenía que haber sido niña para que os cuidara" o también, y estos me vuelven especialmente loca, los del tipo "Bueno, aunque sea niño lo importante es que venga sano". ¿Aunque sea niño? ¿Por lo menos que venga sano? ¿Esto qué es, un premio de consolación? Ay, madreeeeeeeee. 

La cuestión es que no me he callado ni una y he contestado, con una sonrisa, eso sí, a todos estos comentarios de mierda. Y me he quedado en la gloria. 

¿A ti te hicieron comentarios de estos? ¿Alguno para enmarcar? ¿Te cabreaste con alguien en plan furia? Lo que hay que aguantar...

Besitos de madre... ¡de pichurras!



martes, 17 de octubre de 2017

Urticaria: desesperación a flor de piel

Estoy de 31 semanas de embarazo ya (nervios, intriga, pasión y misterio) y he de decir que quitando el primer trimestre que fue horror estomacal supremo, está siendo un embarazo maravilloso. Bueno, quitando el primer trimestre y un detalle la mar de simpático que me ha sucedido a raíz del embarazo: unas ronchas en las piernas que me producen un picor absolutamente insoportable. ¡Ole!

Empezaron siendo unas manchitas rojas pequeñas pero se han ido viniendo arriba y ahora son del tamaño de un huevo, para que te hagas una idea. Después de muchas vueltas me han dicho que al parecer están absolutamente acotadas al embarazo, de manera que cuando de a luz empezarán a mejorar y desaparecerán. Ojalá sea así. 

Precisamente por estar sintiendo en primera persona esto de vivir con picor, ronchas y dolor me ha parecido tan oportuno colaborar en una campaña sobre una enfermedad complicada pero poco "valorada": la urticaria crónica.  

A pesar de ser un post de los atípicos en este blog te pido que lo leas, porque la información siempre viene bien y ayuda a concienciar, ayuda a ayudar... La urticaria es una puñetera que aparece cuando le da la gana, así que mejor conocerla para plantarle cara, ¿no te parece? 

Así que si te animas, vamos, #DaleLaVueltaALaUrticaria conmigo.

Todos asociamos urticaria a picor, ¿verdad? Pues sí pica, sí, pero también duele y desespera y desconcierta y es terrible para el que la sufre. La urticaria crónica es una de esas afecciones que no llaman la atención, sobre la que no fijamos la mirada quizá por considerarla menor, pero que tiene un impacto tremendo en la calidad de vida de quienes la padecen. No se trata solo de un picorcito por aquí y unas ronchitas por allá... no.

Salvando infinitamente las distancias (y espero que nadie se sienta menospreciado con el ejemplo), y solo para que nos pongamos un segundo en su piel (nunca mejor dicho), vamos a hacer un pequeño ejercicio de imaginación. ¿Recuerdas la última vez que te picó un mosquito bien bien, uno de esos que parecen ciclados de lo grandes que son? ¿Recuerdas ese escozor, constante, esas ganas de rascarte? Pues ahora imagina que el picor no se calma, que no se pasa, que no cede a las pocas horas o al día siguiente. 

Imagina que no sabes que te ha picado un mosquito, que nadie atina a decirte exactamente de dónde vienen esas ronchas... Imagina que en vez de a ti le pasa a tu peque que aún no habla y que no sabe decirte cómo de desesperado está. Feo, esto es muy feo, pero tristemente es a lo que se enfrentan muchas personas. 

Imagina dormir con ese picor y dolor, sintiéndolo a cada roce con las sábanas. Imagina despertarte con él... Una de las consecuencias de la Urticaria Crónica es, precisamente, los problemas de insomnio. ¿Cómo dormir con estas molestias? Y si no dormimos bien ya sabemos lo que pasa, ¿verdad? Bajo rendimiento al día siguiente, poca capacidad de concentración, fatiga, irritabilidad... 

La suma de esto más el propio malestar producido por la urticaria lleva a que muchos pacientes desarrollen, además, trastornos psicológicos de orden emocional como son la depresión o ansiedad. Un combo regular. 
  • El periplo por el que pasan no ayuda: dificultad para dar con el diagnóstico (a menudo se confunde la urticaria con alergia), aceptación del mismo cuando por fin se produce (ya que se trata, insisto, en algo crónico), brotes, tratamiento, mejora (o no)... de nuevo brotes, tratamiento... 
  • Por otra parte los pacientes se tienen que enfrentar a la estigmatización (auto y externa) que conlleva el tener las lesiones en la piel: la ropa que eligen (si muestra más o menos los habones), las actividades que realizan y las que dejan de realizar...
  • Y lo que es peor, se trata de una enfermedad de carácter crónico e impredecible, es decir, aparece de forma espontánea (en intervalos de 1 a 24 horas, y dura más de 6 semanas).

¿Te imaginas lo que es vivir sin saber que si mañana o en media hora o en cinco minutos vas a tener un brote? 


Os dejo algunas estadísticas para que veas el impacto en muchos de los pacientes, es increíble: 
  • En España la parecen cerca de 300.000 personas (muchas de ellas mujeres, porque resulta que es una enfermedad a la que le gustamos las féminas). 
  • El 58% de las personas con Urticaria Crónica ha tenido que faltar al trabajo como consecuencia directa de su enfermedad. Concretamente un 26% indica que esto se ha producido más de tres días al año. 
  • El 84% de los pacientes dicen sentirse coartados y limitados por la enfermedad a la hora de salir a tomar algo o cenar. De hecho el 73% suele rechazar invitaciones de este tipo. 
  • El 73% afirma sentirse condicionado a la hora de tener relaciones sexuales a causa de la urticaria. 
Y encima, como sucede con tantas cosas, existen un montón de mitos alrededor de la urticaria que no ayudan nada: 
  • No, la urticaria no es contagiosa.
  • No, la urticaria no se quita solita, necesita tratamiento (de ahí la importancia de acudir al especialista).
  • No, lamentablemente la urticaria no se puede prevenir: aparece cuando le da la gana (es espontánea, imprevisible y de carácter errático). 

A mi mis ronchas me desaparecerán cuando de a luz (espero), pero para quien tiene urticaria la cosa es más complicada. 


Sin embargo hay luz al final del túnel, no todo es negro, de verdad: un abordaje completo, multidisciplinar, que incluya apoyo psicológico puede ayudar y mucho a que estas personas ganen en calidad de vida, a reducir su estrés y ansiedad, a manejar la frustración absoluta que produce la incertidumbre... Así que, por favor, si te notas algo pero aún no le has puesto nombre, si sospechas o tienes molestias, acude a tu especialista, cuéntale lo que te sucede, seguro que puede ayudarte. 

Ya ves que la urticaria no es solo picor o un tema estético, por eso es tan importante darle visibilidad, conocer su impacto en la calidad de vida de quienes la padecen y qué pueden hacer para mejorarlo, porque somos muchos (empezando por mi) los que no seguro que sabíamos cómo y cuánto afecta.

Si quieres más información (precisa) puedes entrar en la web de la Asociación de Afectados de Urticaria Crónica (AAUC) o seguir en redes sociales y blogs el hashtag de la campaña #DaleLaVueltaALaUrticaria, una campaña que está realizando dicha asociación en colaboración con Novartis para hacer un poco más visible y conocida esta afección. Concretamente dentro de la comunidad de Madresfera son unos cuantos blogs (entre ellos los enlaces que has podido ver en este post) los que se han sumado a esta iniciativa. ¡Vamos a darle caña!

Muchas gracias por haber llegado hasta el final del post, espero que te haya resultado, al menos, interesante.

(Este contenido ha sido realizado con la colaboración de la AAUC y Novartis)

Fotos: Foto de chica de la campaña #DaleLaVueltaALaUrticaria; Pixabay.com

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