miércoles, 20 de mayo de 2015

Anatomía de una mami

El cuerpo de la mujer cambia constantemente (si, el premio a la perogrullada del día es para... ¡mi!). Es alucinante: de niña un día te levantas planita, y al día siguiente ¡plaf!, tienes tetas (más grandes o más pequeñas, pero tetas), una semana después ¡plaf!, caderas fuera...

Lo gracioso es que estos cambios no sólo se producen en etapas concretas de la vida, nooooo, cada mes vivimos el carrusel del humor: me hincho, me viene la regla, me desinflo, estoy estupenda, uy que parece que he engordado, me hincho, me viene la regla, me desinflo... Así hasta el final de los días (o hasta que te llegue la menopausia, lo que suceda antes).

Cambiamos, sí, y ya no te quiero contar cuando te quedas embarazada... y después, sobre todo después. Y dirás, pero si en el embarazo no se puede cambiar físicamente más ya, ¿cómo que "sobre todo después"? Pues yo te lo digo: porque cuando eres madre tu cuerpo deja de ser un mero soporte biológico que te posibilita existir (que no es moco de pavo, por otra parte) para convertirse en... ¡¡¡MAMI!!!



Todo eso, y más, será tu cuerpo cuando seas madre


Besitos de madre "navaja suiza"

jueves, 7 de mayo de 2015

Deportes de Riesgo para padres y madres

Hay quien dice que cuando uno se convierte en madre/padre se vuelve más tranquilo, más calmado. Hay quien dice que "el subidón", el riesgo, la emoción a tope, no va con los que tenemos retoños. "Y una caca que te comas", les digo. Porque esa estampa de la familia tranquilica, sentada en el salón, muy monos, ella estupendamente peinada, él con camisa sin arrugas ni manchas, los niños sobre una alfombra limpia, jugando y sonriendo en hermandad... ¡es ficción!

En el mismo momento en el que tienes un hijo la adrenalina será la segunda sustancia con más presencia en tu organismo (justo detrás del café, que lo necesitas para vivir).

Esto de ser padres es una aventura, y no lo digo en plan tierno (ohhh, la aventura de la maternidad, la aventura del amor...), lo digo en plan India Jones o en plan El Último Superviviente. Tener un churumbel chiquitico (o mediano, o grande, con patatas, por favor) te hará vivir experiencias inolvidables (de verdad, inolvidables, que no las vas a poder olvidar, vamos), epopeyas varias... todo emoción. Lara Croft se cree guay, pues que se quede preñá, que va a saber lo que es el riesgo. 

Así que vamos, que nos digan a nosotros que no hay adrenalina en nuestras vidas. Y para demostrarlo, hago un repaso de algunos de los deportes de riesgo en los que, voluntariamente o no, participamos a menudo papis y mamis. Porque eso de que los seres humanos aprendemos por ensayo y error es UNA VERDAD COMO UN TEMPLO. 

  • EL BLOQUING


  • EL PAÑAL RUSO: (basado en -recientes- hechos reales) ¿Pensabas que jugar a la ruleta rusa era arriesgado? ¡Buuuh! Prueba con esto, ¡verás qué subidón! Cambiar al peque sobre tu cama, sin colocar cambiador (porque pa qué, si no vas a tardar nada)... eso es el Pañal Ruso. Si realmente te va la marcha puedes dedicarte a jugar con el churumbel unos minutos SIN COLOCARLE EL PAÑAL. Aventura, intriga, drama... este deporte lo tiene todo.
  • EL POTING: Tienes una cita importante. Acabas de darle una toma a tu bebé, y vas con la hora justa, toca arreglarse rápido. Este deporte consta de dos fases eliminatorias: si pasas la primera tienes acceso a la segunda. 
    • PRIMERA FASE: ¿Vestir primero al peque, o vestirte tú? Si eliges la primera opción ya estás eliminado/a. Se va a manchar antes de salir de casa. 
    • Para pasar de fase: Te vistes como puedes, y la verdad, para haber sido tan rápido no estás nada mal. Pones bonito a tu peque, esos pantalones tan chulos, la camiseta de tal, la rebequita... Lo peinas. Está para comérselo. 
    • FASE DOS. Tienes dos opciones: sentarle en el carrito mientras ultimas los detalles antes de salir, o seguir con él en brazos.
    • En realidad este juego tiene trampa, porque hagas lo que hagas no es posible la victoria. Tú o el niño, o los dos, o los tres, o los cuatro si contamos al perro, cinco con la planta de la entrada, vais a acabar llenos de pota o caca. 
    • FASE SECRETA TRES: si eres un alma indomable, una fiera, un amante del riesgo, puedes combinar este deporte con el PAÑAL RUSO, es decir, vestirte tú el día de la boda de tu mejor amiga, y cambiar al peque de pañal antes de salir... Que la suerte te acompañe (y si te acompaña, dile que se traiga toallitas a cascoporro, que las vas a necesitar).
  • LA CONFIANZA EXTREMA: Salir de casa y, como es ahí al lado, no echar en la bolsa del retoño ni pañal, ni muda, y ya puestos, en un momento cumbre del deporte de riesgo universal, tampoco toallitas. Bucear rodeado de tiburones, con dos trozos de atún colgados al cuello, tiene menos peligro.
  • LA CAÍDA CON "PÉRTIGA": lo que viene siendo follisquear. No hace falta que diga nada más, ¿verdad? Todo aquel que tiene un retoño sabe que éste es, sin duda, un deporte de riesgo: riesgo de que te pillen, riesgo de que te infartes al ser pillado, riesgo de que te quedes dormido/a, riesgo de que te guste y no puedas repetir, riesgo de que la pasión os posea y no uséis anticonceptivos y os quedéis preñaos de nuevo, riesgo... todo el riesgo of the world. 
Vamos, que ser padre/madre te capacita para presentarte a cualquier pentatlón, o irte con los de Al filo de lo imposible a donde haga falta, y volver. Y de camino hacer compra, que no queda nada en la nevera.

Y tú, ¿a qué deportes de riesgo de la paternidad eres aficionado? ¿Has jugado a alguno de estos? ¿Has ganado? No sé para que pregunto, con estas cosas nunca se gana.

Besitos de madre olímpica

lunes, 4 de mayo de 2015

Mi parto (o de como todo puede salir según NO lo planeaste)

Espero no aburriros con mi "personal chapa", pero era un post que tenía muuuuchas ganas de escribir, desde antes incluso de abrir el blog. (Quizá este post es más para mi que para vosotros, ¡espero que lo entendáis!)

Corría el año 2013...

14 de Noviembre. 8:00 de la mañana (aprox.) Una hermosa (por volumen) psicóloga embarazada de 35 semanas se dispone a montarse en un tren en Atocha, camino del sur, su hogar antiguo... Así empezó, aunque yo no lo sabía aún, la aventura del nacimiento de Migordi. Aventura que paso a contaros porque sí, porque ¿qué clase de blog de maternidad sería éste si no os contara mi parto?

Antecedente 1: Mimamma llevaba dos meses diciéndome que preparara la bolsa del hospital. "¿Para qué, mamá? Anda ya, si el hospital está al lado de casa, eso lo preparo en cero coma." decía yo. 

Estando de 35 semanas, como decía, uno de mis empastes decidió que ya llevaba muchos años ahí y que quería conocer mundo. No me extraña, me lo pusieron con 12 años. No es que me doliera, pero no quería dejarlo pasar: si esperaba a dar a luz iban a ser lo menos dos meses con la muela a la virulé y no era plan. Llamé a mi tío y me dijo que no había ningún problema en arreglarlo estando embarazada, que de hecho cuanto antes mejor para evitar daños en la muela. ¡Me cago en la muela!

Antecedente 2: Mi tío, el hermano de mi madre, es dentista. Desde que tengo uso de razón (y dientes) él ha sido el que me ha apañao la boca (empastes a cascoporro, muelas del juicio fuera... esas cosas). Nunca jamás otro dentista ha tocado mis dientes. Mi tío tiene la consulta en la provincia de Córdoba. Yo vivo en Madrid.

Tracé un sencillo plan: "Me bajo en AVE un día entre semana, me apaña el empaste, veo a mis papis y me vuelvo tan ricamente al día siguiente". Mimaromo se quedaba en Madrid porque curraba, claro. Total, ¿qué podía pasar?

Y así lo hice. Mi mamma me recogió en la estación, fuimos a ver a mi tío y tras el arreglo piñeril fuimos a casa de mis padres. Buena tarde en familia. Cenamos genial (mi padre cocina que te mueres), vimos una peli (creo que Star Trek, fíjate), y nos fuimos a la cama. 
 
5 de la madrugada: "Me meo", pensé entre sueños. Me levanté de la cama y entonces noté cómo se desbordaban los pantanos de toa Extremadura, como decían los Extremoduro. "No puede ser".

Antecedente 3: las clases de preparación al parto empezaron a finales de Octubre. Esta historia tiene lugar el 14 de Noviembre. Habíamos ido a la presentación, a la primera clase per se -alimentación de la madre-, y a la segunda -gimnasia para tonificar cuerpo y pechos durante el embarazo-. Todo muy útil.

Primer pensamiento simultáneo al chorro de líquido bajando por mis piernas: Es muy pronto, es muy pronto. Pero va a ir bien, ¿verdad?

Segundo pensamiento post charco en el suelo: "Mierda, ¡qué susto se van a llevar mis padres! ¿Cómo se lo digo?"

Tercer pensamiento post "Está pasando. Esto no es pipí": "jajajaja, y Mimaromo en Madrid" (nota: risa de nervios, pero también de risa risa, no lo voy a negar).

Me medio vestí y bajé a la habitación de mis padres. Llamé tímidamente a la puerta. Nadie contestó. Calidad de sueño que tienen los abuelos, oiga. Volví a llamar y escuché un lejano y somnoliento "¿Si?"
  • Papá, mira, que he roto un poco aguas, y vamos a tener que ir al hospital. Pero tranquilos, ¿eh?
  • ¿QUÉEEEE? 
Ruido de pasos apresurados. La puerta se abre. Mi padre, algo empanado pero alerta, me pregunta que qué ha pasado. Se lo cuento con calma. De fondo se oye a mi madre decir "¿Qué quéeeee?" con pasmo. Hecatombe dentro de la habitación.

Diez minutos después estábamos en el coche camino del hospital (que está a 20 kilómetros de donde viven mis padres). El ambiente era la monda. Miradas perdidas. Comentarios de "calma, va a ir todo bien" en ambas direcciones. "Voy a llamar a Mimaromo", dije. "Espérate a ver qué nos dicen en el hospital, que el pobre va a flipar...". Y nos reíamos los tres de imaginar la cara del susodicho. Pero le llamé. Eran las 5:30 de la madrugada.
  • Hola, guapo. 
  • (intento -fallido- de palabra en castellano, algo parecido a un "hola")
  • Mira, guapo... que... hoy no vas a ir a trabajar. Que me he puesto un poco de parto, ¿sabes? Pero estoy bien, tú tranquilo. 
  • ¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde estás? ¿Estás bien? ¿Qué me llevo? ¿Qué necesitas? Voy a coger la maleta marrón que es más grande...
  • Vamos camino del hospital, ya estamos llegando. Ve haciendo la maleta y yo te voy contando, ¿ok? 
  • Sí, claro. A ver, la maleta marrón, pero... ¿qué me llevo? ¡No tenemos de nada! 
  • Copón, ¡no tenemos de nada!
Porque era verdad, no teníamos de nada. Tres prendas escasas de primera postura y el carrito. Cero cunas, cero maxi-cosi, cero sábanas, cero de todo. Eso sí, mi suegra me había regalado dos camisones bonitos de la muerte y dos batas.
  • Mete los camisones que me regaló tu madre. 
Antecedente 4: Mimaromo no tiene carné de conducir. 

Antecedente 5: ese día había huelga en RENFE. 
  • Cagoentóloquesemenea (no dijo eso, fue más bonito...). Voy a llamar a mis padres, y me bajo con ellos ya. 
  • Díselo con tranquilidad, que van a flipar. 
Llegamos al hospital y le contamos la película. Se rieron, claro. Desde ese momento en el hospital me apodaron "la de Madrid que se ha puesto de parto aquí, y su marido está allí, jajaja"

Me ingresaron. Vino una matrona. Me pidió los papeles, analíticas, etc. ¡MIERDA, he bajado sin los papeles! Sí, como iba a estar tan poco tiempo no los cogí. ¿Y ahora qué hacemos? Matrona pensando, pre-abuelos pensando, yo pensando... ¡Ya lo tengo!
  • Oye, Mimaromo, mira, en mi mesita está la carpeta de médicos. Sí, esa. ¿Puedes hacerles fotos a los papelitos y mandármelo por whatsapp?
  • (Matrona) Dile que haga primero los de la analítica de...
  • Mimaromo, que dice que hagas primero de la... Espera, esa analítica la tenía prevista para el lunes que viene.
Así fue, cada X llegaba una foto de mis papeles y la matrona (mujer maravillosa a la que siempre estaré agradecida) iba, con santa paciencia, ampliando y ampliando en el móvil a ver si podía leer algo.

Tenía cero contracciones. "Si no te pones de parto en 24 horas te lo vamos a tener que provocar". Al final me lo provocaron. No tuve ni una sola contracción en todo ese tiempo. Ni una. Cero. "Pero tranquila, que a tu maromo le da tiempo a llegar. ¿Por dónde va ya?" "Por Despeñaperros." "Ah, le da tiempo de sobra".

Mientras Mimaromo se recorría media península flipando, mi madre se fue a su casa a limpiar como una loca (le entró esa necesidad), y mi padre y yo nos quedamos en el hospital flipones también (no nos vamos a poner estupendos), organizando infraestructura. Aprovecho para dar las gracias por la existencia de Internet: en ese rato busqué en las tiendas cercanas -que tenían web- las cosas que íbamos a necesitar, cosas que, una vez en tierras sureñas, mi suegro (amor) fue comprando y llevando a casa de mis padres. Una de esas cosas era ropa para el gordo, de prematuro. Estaba de 35 semanas, y no sabíamos cómo iba a ser el peque. Pero Migordi pesó 2,800, y esa ropa de prematuro nunca la estrenamos.

Mimaromo llegó. Me moría de ganas de verle. Todo lo que quería era que estuviera allí conmigo. Por otro lado, pagaría por ver el viaje que pasaron él y mi suegro (mi suegra se tuvo que quedar en Madrid, la pobre, cómo sufrió): 5 horas en coche cagándose en todo porque no existe el teletransporte.

Inciso: Desde que nos vimos por fin, presas del pavo más absoluto, no paramos de acordarnos del sketch de "El sentido de la vida" (Monty Python) del nacimiento en hospital. ¿Dónde estaba el "aparato que hace PING"? Jajaja Esta broma la hicimos hasta escasos segundos antes de dar a luz -así somos-.

El 16 de Noviembre, a las 21:40, tras llevar desde las 10 de la mañana con gotero, nació el amor de mi vida. (Y como estas cosas son como son, que sepáis que me he puesto a llorar, porque siempre que lo recuerdo me emociono y me pongo muy tontaca. Ea, ya lo he dicho. Supongo que nos pasa a todas.)

Tardé mucho en tener contracciones, mucho, pero una vez que vino la primera todo fue rodado. "¿Quieres epidural?". Llegó la anestesista para ponérmela, mientras dos enfermeras me cambiaban la vía porque hubo un problema y se me había acumulado líquido en el brazo, tenía una pelota... Yo ni me había dado cuenta. "¿Pero no te duele? -me preguntó la enfermera- Chiquilla, entre gritar por todo y tú hay un término medio. Si algo te molesta, o te duele, dilo, mujer.

Terminaron de ponerme la epidural. "Todavía queda, procura relajarte un poco mientras". Y así lo hice. De hecho lo que sucedió fue que... ¡me dormí! Sí, señores, me dormí. Y tan ricamente.

Al despertar la matrona me miró las bajeras. "Aún no estás del todo, pero tranquilos, va muy bien. Cuando notes que tienes ganas de empujar, avisa". Y quise empujar según terminó la frase.

Diez minutos (o menos) después me dijeron que tirara de ÉL, le puse en mi pecho y Mimaromo y yo lloramos y reímos al mismo tiempo: ya éramos tres.

"Qué parto más bonito, ¿verdad?" oí que le decía una matrona a otra.

Sí, fue muy bonito, y muy divertido, y muy loco, y muy peliculero, y muy nosotros, y muy feliz. 

Eso es todo. Espero que aún sigáis aquí, y que estéis despiertos, jajaja.

Esta es la historia de cómo tu parto puede no salir como lo planeaste, de que lo que no esperas puede pasar, pero de cómo, aún así, será uno (o dos) de los mejores días de tu vida. 

Besos de madre con lagrimilla


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