jueves, 29 de octubre de 2015

Halloween de madre

¿No tienes disfraz para este Halloween? Aquí una idea... terrorífica!!! Jijiji


Besos de madre con pintas

lunes, 19 de octubre de 2015

19 de Octubre

Hoy es el Día Contra el Cáncer de Mama, y no puedo evitar recordároslo, ¡porque es importante! 

Palparse, con calma, que no pasa nada, ir a revisiones... no cuesta, no se tarda, y es fundamental para una detección precoz, en caso de que suceda lo que todos queremos que no suceda, pero que a veces sucede. Así que porfa, porfa, porfa, amores: ¡echadle un ojo a vuestras tetillas! 




viernes, 16 de octubre de 2015

El cambio de armarios

He llegado a la conclusión de que el mejor antídoto para el síndrome de Diógenes es quedarte embarazada y ser madre/padre. Y ahora voy y lo explico.

No sé vosotros, pero yo he sido de esas que se encariñaba con las cosas: esa camiseta que te pusiste aquel día en el que Pepito te dió ese morreo beso, este papel arrugao de la facultad en el que tu amiga Noelia te dibujó una ovejita... ¿Cómo vas a tirar esas cosas? ¡¡¡Esas cosas son amor!!!
Esas cosas son amor... pero... 
He empezado diciendo "YO HE SIDO". ¿Por qué? Porque ya no. Ahora lo quiero TODO fuera de mi casa. El amor está en mi mente, no en esa camiseta, ni en esos pantalones que no me pongo desde el 98 (y que, asumámoslo, no se van a volver a llevar, por mucho que Inditex diga que han vuelto los 90, amén de que no me entran ni de coña). Y... ¿a qué se debe este cambio? Pues a que con sólo dos años de edad un bebé puede acumular más cosas que tú en 35: Carrito (y sillita ligera, si nos ponemos guays), bañerita, juguetes, ropa que ya le está pequeña (pero que no quieres tirar por si..., eso), ropa de ahora, hamaca, correpasillos, pizarrita... ¡Millones de cosas! Y los pisos miden lo que miden.
Así que llega un momento en que tienes que elegir entre dormir en vertical en el balcón o empezar a deshacerte de cosas. Duele, pero sólo al principio, luego es... ¡maravillosamente liberador! 
¿Y sabéis por qué me ha dado por pensar en estas cosas? Porque...


Contadme, ¿cómo lo hacéis vosotros con tanto trasto? ¿Y la ropa pequeña? ¿Odiáis hacer el cambio de armarios? Yo sí. Pero este año ya lo he hecho (por primera vez en la historia). 

Besos de madre en busca de espacio.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Cansancio nivel padres

Las personas hacemos cosas. Es una característica de esto de estar vivo. Y una consecuencia de hacer cosas es que uno se cansa. El cuerpo es así de tontorrón. Pero... ¿y entonces qué podemos hacer para reponernos? Dormir, comer bien... ese rollo. Hasta aquí el mecanismo básico. Se entiende. Es lógico.

Lo que pasa es que con niños esto ya no es tan así: hacer cosas cansa lo normal, vale... pero ser padres cansa a niveles absurdos. Te duelen partes de tu cuerpo que no sabías que tenías, la capacidad de atención muchas veces no es capacidad, y otras tantas no es atención, la expresión "noche del tirón" es marciana, etc. Lo lógico sería entonces que la evolución nos hubiera llevado a que, dado que es taaaaan agotador criar a un retoño, el descanso fuera proporcional. La pregunta entonces es, querida Madre Naturaleza, ¿qué te pasó ese día? Porque no es que no sea proporcional, es que es ridículo. ¿A qué fin responde esto? ¿Cuál era tu idea? ¿Por qué salió mal? 

Para intentar comprender estos hechos he llamado a La Madre Naturaleza, en busca de respuestas.

  • (Lapsicomami) Hola, Madre Naturaleza. ¿Qué tal?  
  • (Madre Naturaleza) Hola, morena. Aquí estamos, echando el rato. 
  • (LP) Hay una duda que nos corroe el alma por dentro y por fuera: ¿En qué estabas pensando cuando se te ocurrió esto de ponerle más baterías a los retoños que a los padres?
  • (MN) Pues mira, yo qué sé, pensé que sería divertido. El sentido del humor es muy importante, por eso a vosotros, los humanos, os lo puse también de serie (a casi todos). ¿Mola, eh?
  • (LP) Ya. Ja. 
  • (MN) No, en serio, la idea era asegurar vuestra supervivencia como especie. 
  • (LP) ¿Qué?  ¿Cómo?
  • (MN) Pensé que si los padres teníais mucha energía íbais a querer salir por ahí, ir al cine, hablar con otros adultos, hacer cosas... y entonces, ¿quién iba a estar pendiente de los retoños en plan bien? Por eso fue. Lo que pasa es que ese día era la final de Gran Hermano y no estaba a lo que estaba. Me despisté con las proporciones.
  • (LP) Te despistaste con las proporciones...
  • (MN) Un poco. Pero os lo compensé con las monerías que hacen los retoños, y lo bonicos que son.
  • (LP) Vale, bonitos son, les queremos con locura, pero ya te digo que el cansancio es mucho, Madre Naturaleza. Mucho.   
  • (MN) Si yo lo sé. Por eso inventé el café.  
  • (LP) Entonces... ¡improvisaste!
  • (MN) Claro, como todas las madres.

Y sin nada más que añadir terminamos la conversación. Sigo pensando que la naturaleza está loca perdía, porque al final del día los peques están como soletes marchosos y nosotros... nosotros hacemos lo que podemos.

¿Cómo váis por ahí? ¿Mucho cansancio? Yo estoy...

Besitos de madre con necesidad de café.


jueves, 1 de octubre de 2015

No hay nada como el hogar

Estamos todos de acuerdo en que ser padres es una cosa maravillosa, eso no es discutible, al menos no para la que escribe. Peeeeero eso no quita que sea un catacroquismo vital del tamaño del monte Rushmore: tras ser padres nada vuelve a estar en su sitio. (Y cuando digo "nada" me refiero tanto a cosas-objetos como partes del cuerpo de la madre, aunque eso es otra historia de la que hablaremos en otro post -lleno de diversión y drama-.)

Nunca he sido de esas personas así como "megaordenaditas". De hecho podría decirse, podría, que más bien he sido un fucking desastre con patas en lo que a orden se refiere (una vez mi madre, siendo yo adolescente, me preguntó: ¿Tu cuarto está como siempre o sólo da ganas de llorar? -true story-). En mi defensa diré que... Bueno, mira, no tengo defensa. Lo que sí es verdad es que con el tiempo una se vuelve más cuca, más primorosa, y ese fue mi caso desde que me fui a vivir sola: muté al orden (más o menos, jejeje -ponerse estupenda era esto-). 

Y es que, amigos, es bonico volver a casa después de una jornada laboral intensamente intensa (de esas en las que no te da tiempo ni de ir al baño a... tomarte un simple café), y tumbarte en el sofá con una copa de vino (o un TAB, que ahora que somos madres ya podemos tomarlo) y que la casa esté, más o menos, ordenadita. (De hecho en consulta, por ejemplo, cuando tengo un paciente que está así con estado de ánimo chunguele -nombre técnico a tope- una de las cosas que recomiendo es que ponga orden en su entorno, porque se sabe que da calmita.)

Eso mola, ¿te acuerdas? Porque entonces tienes niños, y lo de poner orden se vuelve mentira. Falso. Absolut imposibol. En tu salón empiezan a crecer, como setas en el monte (no en el Rushmore, que allí sólo salen cabezas de presidentes norteamericanitos) objetos diversos, de muchos colores y formas. En tu salón y en tu cuarto, y en el baño, y en la cocina... y en tu alma.



El Proceso de Colonización empieza así como de buen rollo, con ganas por tu parte, de hecho. Digamos que de entrada te abandonas y entregas al invasor. No sabes lo que haces, porque luego desparrama que da gloria. Veamos este maravillosismo de la vida en fases: 
  • PRIMERA FASE: GÉNESIS. Estás embarazada y te entra la locura nidil: "Mi niño tiene que tener un cuarto preciosísimo con muchas cosas bonitas -y necesarias (eso te dices para justificarte)-". Entonces empiezas a adquirir objetos, algunos con forma de peluche, mullidito y amoroso, muebles, telitas, adornitos... Todo acaba en -ito, porque es pequeño y da ternura. Hasta el momento en el que el amor de tus amores nace, la invasión está más o menos controlada y acotada. Bien. 
  • SEGUNDA FASE: EXPANSIÓN. Habéis tenido un retoño. Felicidades. Mucho sueño, mucho amor, mucho reflujo, dame una gasa, dónde la pongo, aquí en la mesita al lado de las cremas, ¿encima de los pañales?, mejor déjala al lado del humidificador que me pilla mejor... La invasión empieza a tomar forma y conquista vuestro dormitorio (también). Nunca pensaste que la crema para las manos, esa que te pones antes de dormir para tenerlas tersas y jóvenes, iba a coexistir en el espacio-tiempo con una crema para ojetes pequeños, para mantenerlos tersos sin dramitas dermatológicos. Guay.
  • TERCERA FASE: CONSOLIDACIÓN. Tu retoño ya se mueve con soltura. Va a donde quiere (a la velocidad que quiere) y es capaz de sostener hasta tres (o doscientas, que parece increíble) cosas en sus manitas mientras lo hace. Esta es la vía a través de la cual la invasión se hace fuerte y ya no es controlable. Si haces una panorámica de tu hogar verás que no queda un centrímetro cuadrado sin presencia de los colonizadores, ni en horizontal ni en vertical: bloques, muñecos, coches, cubos, cuentos, zapatos, ropa, sacamocos, comida secreta, suero, huellas y deditos en los espejos, cristales, puertas... Asumámoslo: hemos sido colonizados.
  • CUARTA FASE: APAGA Y VÁMONOS. La destreza del "facilitador" de la invasión, del pequeño agente infiltrado, es total, y se viene arriba: ya no le basta con distribuir por el hogar sus cositas, no. El mando de la tele, los móviles, el peine, las llaves... esos objetos cotidianos que solías usar cuando querías, se unen a la causa colonizadora al grito de "libertad y caos" y, en un festival del volvamos loco al adulto propietario del espacio, cambian constantemente de sitio apareciendo en los lugares más insospechados. Querido mando, si tenías calor haberlo dicho, pero no hacía falta esconderse en el congelador. En esta etapa se abre un nuevo universo de caos y confusión paternal al descubrir que, como decía al principio del post, ya nada está en su sitio. 
Ya no habrá orden, nunca, porque pretender recoger con los niños en casa es como intentar salvar el Titanic con una fregona. Así que mejor píllate una buena taza de té, siéntate tranquilamente y disfruta del desastre. 

Epílogo moñas total: Toca aceptar que muchas de tus posesiones no sobrevivirán a esta vida loca (loca, loca), que esa cajita sobre tu mesita, esa que te mola tanto, en la que guardas chorraditas de plata y oro y rubíes (o plastiquete deluxe), no conocerá el 2018 (siendo optimistas). Toca aceptar que tu casa, como tu vida, ya no es sólo tuya, y que eso en realidad es fenomenal, porque no se te ocurre otra forma mejor, más tierna y bonica, de darle uso a todas esas cosas (que son sólo cosas) que tenías en casa. La invasión ya no tiene marcha atrás.

Besos de madre colonizada felizmente.
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