miércoles, 25 de noviembre de 2015

5 grandes momentos de la maternidad y paternidad

Antes de ser padres en nuestras vidas se daba una cosa muy curiosa: si queríamos hacer algo, lo hacíamos. Zas. Locura. ¿Qué te querías vestir para salir a donde fuera? Pues ibas al armario, cogías ropa y listo, a la calle. Sencillo y eficaz: pensar en acción, realizar acción.

Sin embargo con la llegada del retoño esto, que parecía una cosa como muy de cajón, se convierte en las doce pruebas de Astérix. Ya nunca harás -a la primera- lo que tenías pensado hacer, y si consigues hacerlo será a costa de tu sudor (mucho sudor). La vida de padres fama cuesta. Aquí os dejo unos ejemplos:

1. Final del día. Estás casi en coma. Baño del peque, el agua llega a Huston, secar, poner crema, pañal, pijama... Recoger el baño, achicar el agua, llenar dos cubos con lo que ha salido de la bañera/ducha. Cena. Preparar la cena, poner la cena en la mesa, darle de comer al peque (o verle tirar la comida por todas partes estar a su lado mientras come). La comida llega a Huston también (en Huston hay muchas cosas). Se mancha el pijama. Cambiamos el pijama. Piensas: "Mañana cena antes del baño" (pero al día siguiente pasará algo y no será así). Echas la ropa a lavar, sacas la pala escoba para recoger lo que hay en el suelo, pasas la fregona. Preparas el bibi, o la teta, o la leche. Se la das. Se mancha. Tampoco es tan grande la mancha, no vamos a cambiarle (otra vez) el pijama. Lo metes en la cuna. Se resiste. Le cantas. Se resiste. Le cuentas un cuento. Se resiste. Te desesperas, sucumbes y lo coges en brazos y le susurras una nana, la infalible. Parece que se duerme... Lo dejas caer en la cuna con el mismo cuidado con el que tratarías una bombra activada. Sí, ha caído. Respiras y lo observas. Lo quieres tanto... Es precioso. Es ternura. Te das la vuelta ninjamente, de puntillas, sólo dos centímetros de tus pies tocan el suelo, casi vuelas, eres un ser etéreo. Según cruzas el umbral de la puerta tu retoño se despierta.

2. Comidas. Te has descargado el planificador de comidas de Lapsicomami, lo has rellenado (eso implica haber pensado comidas y contrastado los menús del cole de los niños, para no repetir), has hecho lista de la compra, has ido al súper, has pasado todas esas cosas por caja, las has subido al coche, las has bajado del coche, las has llevado hasta tu cocina y ordenado en los armarios. Has hecho todo eso, porque eres la pera. Madre/padre del año te sientes. Entonces llega el domingo, el día que has elegido para preparar las comidas de media semana (ahí, anticipándote, porque, insisto, eres la pera). Entras en la cocina, dispuesta/o a petarlo culinariamente hablando. Ummm, ¿qué puse para el lunes? Ah, pasta a la boloñesa. Cortas las verduras, empiezas el sofrito, abres la nevera para coger la carne... Pero no hay carne. No hay carne. ¡No hay carneeee! Eres la pera, sí, pero también eres madre/padre, y esta semana has dormido una mierda pinchá en un palo, así que no, en la lista de la compra no anotaste la carne. Ahora piensa en otra cosa para el lunes. Y ve al súper a compar carne.

3. Has quedado, te vistes, vistes al peque (porque ya sabemos lo que pasa si vestimos primero a los retoños), preparas su bolsa (pañales, toallitas, crema, agua, gasas -por si acaso-, muda -pantalón, calcetines/leotardos, camiseta, rebequita-, baberos, un par de juguetes, suero -también por si acaso-...), coges la sillita, sientas al peque, sales a la calle, llegas al coche, bajas al peque del carrito, le quitas el abrigo, le sientas en la sillita del coche, pliegas la sillita de paseo, la metes en el maletero, junto con la bolsa de los pañales, te quitas el abrigo, lo pones donde primero pillas en el coche, porque a estas alturas odias la vida ya, y el abrigo te la pela, te sientas, enciendes el motor... Metes la mano en el bolso en busca de tu teléfono, que es donde tienes la dirección de esa cita y... te lo has dejado en casa. También te has dejado las llaves de casa puestas en la puerta. Y no te has dejado más cosas porque no te ha dado tiempo.

4. Planes. Llevas toda la semana pensando en qué hacer el sábado, quieres un plan guay. Has mirado actividades en tu ciudad, contemplado la idea de iros al campo... Ya lo tienes. Llega el sábado. Ese día, no otro día, ese día el peque decide levantarse penosillo: tardáis el doble en desayunar de lo habitual, el triple en vestirle, os habéis quedado sin toallitas, bajáis a por toallitas al súper. Mientras, el peque se mancha, le cambias... Ya son las 12, mejor salimos después de comer. Después de comer es mentira. Salís a las 17:30. Y con prisa, porque en un rato hay que volver, preparar cenas, cenar, baños, dientes, cuentos... Léase el punto número 1. Tiempo total final de la actividad programada: 10 minutos.

5. "El Muajaja". Habéis acostado al niño (y pasado por el punto 1, y el 4 si es sábado o domingo). El niño se ha dormido. Planteáis noche de peli, puede que vino, y puede que un poco de amor. Sorprendentemente el retoño no ha dicho ni mú desde que lo acostásteis, así que vuestra cena romántica ha ido viento en pompa popa... Tampoco se ha despertado a lo largo de las dos horas que ha durado la peli. Os ponéis tontorrones y... y el ánimo se caldea. "Vamos a hacer cosas", pensáis. Pero en cuanto vuestra piel, la de uno con la del otro, entra en contacto, ná, el roce más mínimo, se oye a lo lejos, o cerca, si tienes vigilabebés, un mágico sonido: "¡Mamaaaaa, Papaaaaa!". Efectivamente vas a tener fiesta, pero no la que esperabas.

Si algo tiene la maternidad/paternidad, es que no te aburres: todos los días hay una sorpresa, nunca nada es fácil ni como esperabas, ya te lo digo. ¡Ay!

Y vosotras... ¿cuántas veces os habéis dejado las llaves en casa? ¿Cuántos planes no han sido planes al final? ¿Cuántas noches habéis entrado en el bucle del punto 1? Yo mucho, de todo. Compartamos el drama, que así es menos. ;)

Besitos de madre intentando hacer cosas.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Siempre es Navidad para una madre

Que el tiempo vuela es una verdad como un templo, y ya cuando tienes retoños no es que vuele, es que ni lo hueles. Fíjate si vuela que en tres dos uno tenemos la Navidad aquí. I can't believe it. Aunque si os digo la verdad en realidad me da igual, porque... ¡¡¡porque siempre es Navidad para una madre!!!. Sí, lo es, y tengo pruebas:

  1. Tu casa siempre está decorada "de manera especial" con "adornos" chupis. Y cuando hablo de adornos quiero decir trozos secretos de comida (¿cómo lo hacen para esconder comida por los rincones? ¿en qué momento lo hacen? es un misterio..., y luego está la que dispersan al comer, claro), juguetes por todas partes, dibujos inspiradísimos decorando las paredes... Si te fijas bien, tienes hasta nieve en los cristales. Vale, nieve no es, es polvo, porque llevas dos meses sin darle a las ventanas (tsssss, he sido generosa con lo de dos meses, nosotros hace que no los limpiamos... bueno, digamos que más de dos meses y menos de dos años jajaja), pero la cuestión es que, si lo miras con ojos de madre sin tiempo, ese polvo es decoración.
  2. Las compras/gestiones, siempre, son de última hora: No sé vosotras, pero yo no he conseguido tener todos los regalos de Navidad listos con tiempo en la vida. Da igual cómo me organice, el día 23 o 24 me encontrarás, con pelos de loca y una lista en la mano, corriendo por las calles o por el centro comercial (si me ves no te asustes, no soy peligrosa). Ahora dime, ¿cuándo preparaste el disfraz de Halloween del retoño? ¿Cuándo fuiste a por las cosas para su cumple? ¿Cuándo hiciste la matrícula del cole? ¿Cuándo dejas por las mañanas al peque en la guarde? Ya te lo digo yo: en el último instante posible. Apurando hasta el último microsegundo. Raspando el mal
  3. Cogerás algunos kilitos. Las Navidades para mi siempre han sido letales en cuanto al peso, normal, suelo ponerme ciega. Pues desde que soy madre, desde el embarazo concretamente, siempre es Navidad en mi culo
  4. Toca pensar en un menú molón para todos (o al papi, también es siempre Navidad para ellos): Comparado con la que tenemos que liar a diario con las comidas, la idea de organizar sólo una comida, aunque sea para 10, parece una chorrada de mono. Ya lo he comentado alguna vez, pero ofú... ¡qué difícil es organizar el menú, madre mía! Que si a ver qué ha comido en el cole, que si a ver qué hay en la despensa, que a ver qué me da tiempo a hacer... ¡Socorro! Chicote, ¿no quieres venirte de interno a mi casa? (Aprovecho para recordaros que tenéis disponible para descargaros un "Planificador de comidas imprimible" molón, por si os ayuda con este caos tema!!!)
  5. Siempre habrá papeles de colores, tijeras, pegamento, purpurina y demás en tu hogar. Sí, ya no usarás esas cosas sólo para envolver regalos... Ahora haréis recortables, collages, tarjetas, vamos, "manualidades a gogó". La purpurina se instalará en tu hogar, sin pagar alquiler, e irá colonizando tu vida: suelo, paredes, ropa, cara, nariz, alma... Ir al trabajo y darte cuenta, dos horas después, de que llevas media cara brillantosa, es genial. El que no sepa que eres madre pensará que vienes de empalme de un after. Y no, no es eso, aunque esa noche si que has tenido "fiesta" y estás igual de cansada.
  6. A veces aparece un señor con un poquito de tripita a traer regalos. No, no es Papá Noel, ése sólo curra un día. Éste se llama abuelo (y le queremos mucho)
  7. Tienes que hacer cosas a escondidas, aprovechando que los niños están dormidos. Y no me refiero a dejar los regalos bajo el árbol... Ya sabéis de lo que hablo, del jijiji y del jajaja, y sobre todo, del "muajaja".
Ay, la Navidad. Ahora miro hacia atrás y pienso en cuando era niña, en esas vacaciones de veintitantos días, en jugar sin preocupaciones non stop, y se me caen cuatro peos las lágrimas. Qué ilusión hacía, ¿eh?

Es curioso cómo nuestros deseos se van haciendo cada vez más pequeñitos. De esa ilusión (maravillosa) de la infancia por la Navidad, por tooodos esos días para hacer lo que nos diera de la gana, pasamos, cuando nos convertimos en madres, a un deseo mucho más pequeño, pero vital:



Y vosotras, ¿vivís también en una Navidad eterna? ¿Tenéis "nieve" en los cristales? jejeje

Besitos de madre oliendo a turrón


martes, 17 de noviembre de 2015

La mutación maternal *

* Y de padres (menos los relacionados con el embarazo, esos no, esos sólo son de madre Jijiji)

Junto con la maternidad se produce un fenómeno que no por ser frecuente es menos llamativo: la transmutación cerebril. Tú tienes una edad, y te crees que te conoces: sabes qué te gusta y qué no, qué te hace gracia, qué pelis te van y cuáles no piensas ni ver... Pues todo eso se va al carajo en cuando tienes un niño. Tu cerebro pasa de ti y se transforma, elige por ti... y así nos va.

No se sabe por qué (aunque yo apuesto por la hipótesis de "la falta de sueño seca el cerebro y el embarazo es la monda") pero de la noche a la mañana te encuentras con que haces cosas que no son tú. No es grave, doctor, pero raro, raro es de cojones. Veamos algunos puntos maravillosos:
  • Olfato: Llevabas 15 años usando el mismo perfume, era tu marca personal, tu olor... Pues ahora lo detestas. Lo odias. Ascoputo en frasco. Prefieres bañarte en Varón Dandy en vez echarte dos gotas del tuyo. Restriégame en ajo, amor, que me da menos cosica que el Chanel.
  • Gusto: Esto se da en dos direcciones, a saber, cosas que te encantaban y ahora no puedes ni ver, y cosas que odiabas y ahora te arroban estomacalmente. En mi caso, y es muy lamentable, yo era de esas personas raritas a las que no les gustaba el chocolate. Pues bien, durante el embarazo si hubiera podido hacerme una cama de chocolate para ir comiéndomela dormida, creedme, lo habría hecho. ¿Lo peor? Esa afición chocolatil nunca se fue, la puñetera, y aquí sigo, soñando con una almohada de rico rico... mmmmm, chocolate!!! Ya me podía haber dado por la coliflor o la lombarda (ummmm, lombarda con chocolateeee).
  • Emociones -supremamente- a flor de piel (el bizcochismo maternal y paternal): No importa que fueras de lágrima fácil o una roca inmutable, tras la llegada del retoño la lista de cosas susceptibles de hacerte saltar la lagrimita empieza a tender al infinito. ¿Poner las noticias? Llanto asegurado. ¿Esa peli romanticona que te hacía sonreír? Ahora llorarás desde el primer fotograma (porque hay que ver cómo se quieren, es que es muy bonito todo, y el mundo, el mundo también es bonito, pero duro, ay, ojalá su amor no se acabe jamás... Y así toda la peli. Bueno, y ni menciono lo que pasa cuando ves pelis dramáticas o de terror -que antes te encantaban- en las que salen niños, porque eso es de juzgado de guardia llantil). ¿Tu vecina la insufrible que siempre te tocaba las pelotas daba el coñacillo en el descansillo? Esa señora ahora, con un "Buenos días, hay que ver lo bien criado que tienes a tu hijo" te tocará la fibra. Y querrás abrazarla. Y te gustará porque será tierno. Ahora tú eres tierna.
  • Humor: este punto me asombra especialmente. Eras una persona normal, que hacía bromas normales (o tronchantes, porque ole tú y tu arte): alguna frase de peli por aquí, un chascarrillo por allá, humor, hacíamos el humor, y muy estupendamente, por cierto. Pues bien, entráis en el hospital para dar a luz y ¡zas!, tres días después te pillas haciendo bromas sobre mojones pequeños que tienen forma de granitos de arroz, y que huelen a paquete de jamón york recién abierto (aprovecho para animaros encarecidamente a que hagáis la prueba: el jamón york huele a truñito de lactante, lo juro -ahora que lo pienso, esto del olor del jamón cocido podría entrar en el primer punto, jojojo, ¡cuánta diversión!-). Es así, el cerebro está como hipercentrao en la tarea de ser padres y las únicas alegrías que se le ocurren son del entorno bebil. Menos mal que entre padres nos entendemos, porque cuando estás a solas con alguien que no lo es...


Afortunadamente (creo-espero) esta transmutación va desapareciendo con el tiempo, y un día, un maravilloso día, te das cuenta de que has visto Toy Story 3 (que es lo que vas a ver foreva-an-eva) y no has llorado con el final. Bueno, no has llorado mucho. Bueno, has llorado mucho pero porque joer, es que la parte de... Pero no has llorado en el principio. No con las letras. 

Una cosa te digo: si ves que no puedes parar de llorar no te angusties, que hay solución: abre un paquete de jamón york y mete la nariz. Enjoy!

Y vosotras, ¿en qué cosas notáis el cerebro de madre? ¿Aborrecísteis algún olor/sabor? ¿Ahora os mola el comino por encima de todas las cosas? ¿Habéis hecho bromas sobre cacotas? (muajaja, seguro que sí). 

Besitos de madre transmutada.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Jueguecito parejil

¡Hoooola! Se acerca el finde, y aunque cuando eres padre/madre eso da un poco igual porque siempre, siempre, siempre, hay cosas que hacer, y tareas, y parriba y pabajo, bueno... no deja de ser finde y algo se nota. ¿No?

No sé si recordaréis que en el post de "10 tips para mejorar nuestra relación de pareja" (si no lo habéis visto, pues mira, aquí tenéis el enlace, jijiji) recomendaba encarecidamente tener de vez en cuando una cita de novios. ¿Lo ideal? Una vez por semana, dos horitas (así de base)... No es tanto, se puede, aunque sea en casa mientras los peques duermen!!! Pero hay que dedicarle tiempo a la pareja, ya sabéis...

Pues bien, hoy os traigo algo que podéis hacer durante esa cita de novios (ya estáis pensando en lo que estáis pensando, pero no es eso, aunque se puede acabar con eso... jajaja). Se trata de un juego que parece una chorradita, pero que tiene su enjundia (como casi todas las cosas que os cuento, jijiji). 


¿De qué se trata? Pues de un juego de preguntas sobre "EL OTRO" (nuestra pareja, digo), que no os llevará mucho tiempo contestar, y que mola. Mola porque
  • Proporciona tema de conversación. Me diréis que anda que no hay temas... Ya. Pero os cuento que en consulta vemos muy a menudo que uno de los puntos débiles de las parejas es que acaban, con el tiempo, centrando las conversaciones en "casa, trabajo, niños", dejando poco margen al ocio puramente o a temas relacionados con ellos mismos. Y ese feedback, ese hablar de "nosotros" (como individuos y como pareja) es necesario.
  • Ayuda a que os conozcáis mejor: está claro que si habéis tenido un retoño algo os conocéis, jajaja, pero no está de más dedicar un tiempo a estas cosas, porque es genial cuando sabes que tu pareja te tiene calao, ¿verdad? 
  • El ratito que estéis haciendo el ejercicio es ratito que váis a estar juntos, siendo pareja, no como "papá" y "mamá". 
¡No me digáis que no está bien!

Antes de dejaros la ronda de preguntas que componen este ejercicio-juego...

Vamos con LAS NORMAS: 
  1. Cada uno contesta, secretamente, sin preguntar y sin copietearse, la tanda de preguntas sobre el otro. No vale tampoco tantear, o sonsacar... Contesta lo que te sepas, ¡y no seas tramposo! Por supuesto no hay comodín del público ni llamada (whatsappear a la suegra o al mejor amigo tampoco es una opción), que nos conocemos. 
  2. Una vez contestadas a todas las preguntas (con lo que te sepas), os sentáis y os váis diciendo, por turnos, una a una vuestras respuestas
  3. Por cada respuesta acertada se otorgará un punto. 
  4. Si el otro no ha acertado, o ha dejado la pregunta en blanco no vale ensañarse, enfadarse, odiarle y retirarle la palabra. Ha podido tener un blancazo, o puede ser que mira, oye, que no lo sepa, pero no por eso te quiere menos o es "el mal hecho chati". Seamos primorosos y, sobre todo, vayamos con buen rollo. Total, que si ha dejado la pregunta en blanco o ha fallado, le daremos una pista (que no sea obvia, tiene que currárselo) para darle la oportunidad de acertar. Si acierta con la pista le daremos medio punto. ;) Si falla oootra vez, nada, cero patatero.
  5. Recomendeishon: Hay preguntas del tipo "¿Cuál es su... favorito?". Puede suceder que sepáis que no tiene favorito en ese sentido, pues ponedlo tal cual "No tiene", añadiendo si os parece, cuál sería en caso de que hubiera que elegir sí o sí. (Espero haberme explicado, jejeje)
  6. Una vez compartido todas las respuestas hacemos el cálculo de puntos, y el que haya ganado... ¡se lleva un premio! 
    • ¿Qué premio? ¿Qué premio? ¡El premio es vuestro amor! Jajajajja No, es broma. El premio lo tenéis que decidir entre los dos, idealmente antes de empezar el ejercicio para que luego no os vengáis arriba y pidáis un finde en París (ya, si sé que es por si cuela..., pero a lo mejor algo del tipo "un masaje en los pies" es más factible).  

Y ahora sí, vamos con las 25 preguntas 
(recordad que son preguntas sobre EL OTRO, no sobre nosotros)
  1. ¿Dónde tiene cosquillas?
  2. Su color favorito
  3. Bicho que le da más cosica
  4. Un país al que le gustaría viajar pero todavía no lo ha hecho
  5. Nombre de su mejor amigo/a
  6.  Comida favorita
  7. Su fin de semana ideal
  8. Película favorita
  9. Su trabajo soñado
  10. Su familiar preferido, al que le tenga más cariño
  11. ¿Qué puedo hacer para calmarle cuando está enfadado/a?
  12. Grupo favorito
  13. ¿Qué lado de la cama prefiere en realidad?
  14. Su libro favorito
  15. Un amigo común que le caiga muy bien
  16. ¿Prefiere dulce o salado?
  17. Su postura para dormir
  18. Cuenta una anécdota en la que pasara vergüenza pero fuera divertida en realidad
  19. ¿Dónde le gusta (especialmente) que le toque cuando estamos "haciendo cositas"?
  20. Un lugar al que hayamos viajado que le encató 
  21. ¿Qué ropa llevaba el día que nos conocimos?
  22. ¿Qué haría si le tocara la lotería?
  23. Programa de televisión/serie favorito
  24. Una afición que le gustaría desarrollar (ejemplo: pintar, tocar un instrumento, hacerse bloguero/a, jajaja)
  25. ¿Qué le gusta de mi? (me refiero a qué le gusta de ti, que eres su chati, no vayáis a poner qué os gusta de mi, jajaja)
Bueno, pues ahí lo tenéis. Si este finde podéis sacar unos minutos y hacerlo, con buen rollo y humor (sobre todo humor) puede ser un rato divertido e incluso tierno. ¿Lo ideal? Hombre, lo ideal es cenar tranquilitos (una vez acostados los retoños), tomar un vinito, o un agua, lo que cada uno prefiera/pueda, con calma, charlando, y luego hacer esto... y luego... bueno, luego que cada uno haga lo que pueda (masajes parejiles, ver una peli -de entre las que habéis estado hablando, por ejemplo-, seguir charlando, hacer cositas, o dormir, que también es bonito). 

Espero que os guste y que si lo hacéis, os mole, aunque sea un poco. ¡¡¡Ya me contaréis (espero)!!!

Remember: #nosolopapis también somos pareja!!!!!

Besitos de madre pre-weekend

martes, 10 de noviembre de 2015

El orden del hogar (cuando tienes niños)

No es la primera entrada que escribo sobre el orden del hogar... Es evidente que se trata de un tema que me angustia preocupa importa parece interesante llama la atención. 

Es una de esas cosas en las que no piensas cuando te quedas embarazada (¿por qué ibas a pensarlo?). Tú estás a lo tuyo: que si ropita, que si lucecitas bonitas para su dormitorio... Cosas guays. Además, como en esos meses te entra la locura de preparar el nido, te confías y te crees que luego todo va a seguir así. Pero no. Ya te lo digo. Añade el factor "pequeño ser" a la ecuación y verás qué risa.

Muy difícil, tener la casa recogida es muy difícil. Si en los anuncios de preservativos pusieran imágenes reales de casas en las que hay niños, las ventas se multiplicarían por cien (o más). Tomad nota, publicistas. Ahí lo dejo.

Como soy una cotilla, voy por ahí pegando la oreja cuando otros papis y mamis hablan de esto, y he llegado a la conclusión de que hay dos maneras generales de afrontar esto de la organización. Y son muy distintas.

Ante la llegada de un retoño al hogar, los humanos parejiles entramos, así en general, en una de las dos categorías siguientes*:
  1. PASOTISMO FORZOSO: Dícese de la pareja que, ante la que se les ha venido encima la nueva situación, establecen un orden de prioridades, y la casa, al parecer, no es una de ellas. Dormir, comer o hacer pis les resulta, quizá, más atractivo, por lo que el orden de su casa pasa a último un segundo plano.
  2. HÉROES DEL HOGAR: Dícese de la pareja alienígena que consigue organizarse y llevarlo todo "palante". Entrar a su casa (de visita) y llorar es todo uno: olor a limpio, las cosas ordenaditas, paz y amor por las esquinas (en lugar de pelusas del tamaño de una croqueta, y juguetes por todas partes). ¿Cómo lo hacen? Pues es un misterio que aún no he logrado resolver, pero si por aquí anda alguien que se incluya en este grupo, por favor, POR FAVOR, que nos desvele su secreto.
* Aquí no menciono a los que tienen a alguien que les ayude en casa: eso es trampa y da envidia, un poco (mucho).

 Dentro de la primera categoría, encontramos, a su vez, dos subgrupos. Veamos:
  •  a) Los que lo llevan bien: sobrevivir es importante. Los reconocerás por la "relajación" con la que te reciben en casa, y la falta de sorpresa al presenciar cómo una montaña de ropa que hay en el pasillo te saluda también. Se alegran de verte y de hablar con otro adulto. Su mantra: "Si no miras directamente al desorden, el desorden no existe". 
  •  b) Los que no lo llevan tan bien: Los reconocerás por los sudores que les caen por la frente y la espalda cuando te reciben en casa. Sudan porque llevan el rato que sea (el que les haya dejado el bebé) recogiendo como posesos todo lo que han podido ante la llegada inminente de un visitante. Y no les ha dado tiempo de terminar.
En realidad habría un tercer subgrupo, el mixto: aquellos que lo llevamos llevan bien... siempre y cuando no venga nadie a casa, porque como venga alguien se desata el zafarrancho más raudo (y sufrido) jamás contado. Porque los demás no tienen que ver lo que no tienen que ver. Ea. El problema es que con el tiempo de que dispones, y las prisas -porque te va a pillar el toro-, uno hace lo que puede, así que toca elegir qué habitaciones se van a ordenar, y cuáles no. La cosa está clara con respecto a esta decisión: ¿por dónde van a pasar los invitados? Pues esas se ordenan. Ya está. 

Veamos una gráfica que resume la situación, sin exagerar:  


Y tú, ¿en qué grupo estás? Recuerda, amigo/a lector/a, que si tienes la casa impoluta a pesar de ser padre/madre, es tu obligación -te lo imploro- contar cómo lo haces. "Arfavó".

PD: En estos momentos mi dormitorio está que si lo ven los de CSI se creen que nos han entrado a robar, varias veces seguidas. Hoy hemos tenido visita, claro. 

Besitos de madre del grupo mixto.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Donde dije digo, digo Diego versión madre

Si hubiera que elegir un deporte nacional yo diría que es "El Opinioning". Comentar (referir, que decía mi bisabuela), es gratis, y nos encanta. 

Pero no voy a hablar hoy de "esos comentarios" que recibimos las madres (y los padres, claro) constantemente a menudo acerca de la educación y cuidados de nuestros hijos. No. Hoy escribo sobre lo que nosotras mismas dijimos (bocachanclamente) sobre esto de la maternidad... antes de ser madres. Antes. ¡Qué bonito era todo entonces, eh!

Sí, hagamos un "Donde dije digo, digo Diego", un repaso a 5 "Yo nunca" que puede que te hayas comido con patatas (yo sí):

  • No usaré la tele "como niñera" (ojo, no me refiero a aparcar al niño delante de la tele y pasar de él, ése es otro tema, y más serio): Sí, es un buen principio, un principio que dura hasta que necesitas dos minutos para jiñar ir al baño y... y la única manera es vía "distracción total tv". Es eso o hacerlo con el niño en brazos, o tirándote de los pantalones, o... o todas esas cosas que pasan. Aunque al final una se acostumbra a hacerlo todo con público (bueno, todo no, claro, jijiji).
  • No hablaré "mucho" mi niño/embarazo/parto, y menos cuando otra madre/embarazada me esté contando algo del suyo: No sé vosotras, pero estando embarazada hubo momentos en los que necesitaba supremamente hablar de ello, es así. Y la verdad, me daba un poco de "grrrrr" cuando al hacerlo, enseguida otra madre me interrumpía para relatar, con detalle, su parto, posparto, primer año... (aunque eso hubiera tenido lugar hace tres lustros). Y ahora sigue pasando: es sacar el tema del primer mojón en orinal, las expresiones graciosas, cómo se visten solitos... y ya tenemos tertulia. Nos gusta contar lo nuestro, mucho. Lo curioso es que no importa que antes te molestara, porque cuando eres madres un impulso incontrolable te lleva a "revelar tu rollo" allá donde haya una conversación sobre retoños (y a veces sin que la haya, ya sacas tú misma el tema). "Pues el mío...". Procuro contenerme, pero cuesta, porque es que mi niño es la monda, el otro día vino y me dijo... ;)
  • No me "dejaré", me cuidaré igual -o más- que ahora: Ya. Jajajajaja. En el post anterior justo hablaba de la necesidad de automimarse cuando somos mamis, porque las probabilidades de que las raíces acaben pareciendo mechas californianas, de lo largas que son, es alta. Lo de las raíces no es un decir. Me ha pasado. Este último mes (estos tres últimos meses). Ejem. Recordad: automimo, automimoooo. Como extensión a este punto, añadiría "No usaré chándal/mallas -todo el rato-". Hola, escribo con uno puesto. Procuro llamarlo "ropa de estar por casa", pero no nos engañemos, aunque sea de Oysho (y debajo lleves bragas de La Perla), y sea monérrimo de la muerte, es un pijama/chándal. Bravo. Pero es que es taaaan cómodo...
  • No diré esas "frases de madre" (que tanto detestaba de niña): No hay mucho que añadir. Que levante la mano la que nunca haya dicho algo del tipo "Ni coche, ni cocha", "Siéntate bien", o "¿Voy a tener que ir yo a buscarlo?". ¿Nadie? Lo imaginaba. (Ya sabéis, y si no lo sabéis os recomiendo encarecidamente que os paséis por allí, que Marujismo tiene una sección sobre #palabrademadre, que es la pera). Es como muy inevitable. Lo llevamos tatuado en la mente (y ahora se lo estamos tatuando a nuestros peques, que a su vez lo dirán cuando sean padres... y así eternamente, en el ciclo de la vida -que es lo que en realidad cantaban en el Rey León-). 
  • No le mentiré a mi peque: A quien mentía en ese momento era a mí misma, porque me he pillado diciendo cosas como... "No, cariño, ahora no están los dibujos en la tele porque están durmiendo", "Ya estamos llegando" (cuando quedan dos horas de coche), "¿Patatas fritas? No hay ya, lo siento" (porque se ha zampado media bolsa y no es plan... pero luego vas secretamente a la cocina y te comes lo que queda, escondida, para que no te pille), "Vamos a ir a un sitio súper chulo" (al súper, quieres decir)... Y así doscientas más. Son mentirijillas de los veinte duros en verdad, nada serio. No se trata de que vivan engañados, pero hay veces en las que el cerebro da para lo que da. El cerebro y haber dormido cuatro horas. Pero es todo con amor, amor de madre.


Si hay algo que me ha enseñado la maternidad es a mantener la boquita un poco más cerrada, a pensarme bien las cosas antes de soltar una sentencia/predicción absoluta sobre mis acciones futuras... Porque por lo visto, tarde o temprano, uno acaba comiéndose sus palabras. Y saben raro.

Y tú, ¿qué cosas dijiste que no harías y al final estás haciendo? Vamos, confiesa... jajaja.

Besitos de madre bocazas

martes, 3 de noviembre de 2015

Mejora tu autoestima con 3 tips

 Ser madre es muy 24 horas, 7 días a la semana. De verdad. Y se nota. 

Cuando tienes tantas cosas que hacer a lo largo del día, cuando sentarse es un lujo, y darte una ducha de más de 5 minutos un milagro navideño, la verdad es que muchas veces no te das cuenta pero se pasan los días sin que te dediques un ratico. 

A ver, pregunta: ¿Cómo le demostráis a vuestros retoños (y a los amores) que los queréis (con locura)? 

Tic Tac

Tic Tac

Tic Tac... Riiiiiiing ¡Correcto! Diciéndoselo, cuidándolos, mimándolos (dándole cosas que les gustan, abrazándolos, besándolos, dándoles sorpresas...), ¿no es así?

Y ahora viene la otra pregunta: ¿Esto os lo aplicáis a vosotras mismas?

Jummmmm. Para estar bien tenemos que querernos, ¡y demostrárnoslo!

Está claro que ser madre, y ser humano adulto vivo en el siglo XXI en general, con todas sus cosas, deja muy muy muy ("muy" infinitos) pocos ratos libres, pero... algo hay que hacer, por nosotras, ¿estamos o no estamos?

Así que vamos a mimarnos un poco, pero un poco todos los días (más o menos, seamos flexibles). ¿Cómo? Pues, para empezar, con estos 3 tips sencillos y accesibles que te propongo (y que podrás poner en práctica con un imprimible moñis, pero eficaz, que te dejo más abajo). Vamos allá: 


1. AUTOMIMO 
(suena regu, pero es guay) 

Una de las cosas que se suele recomendar para matener a tono la autoestima es dedicar unos minutos (con 5-10 vale, aunque parezca poco os aseguro que se nota) al día para automimarnos, es decir, para hacer cositas, pequeñas, que nos resulten agradables y nos hagan sentir bien. Porque si sólo nos dedicamos a los demás, o a las obligaciones, no nos estamos reforzando ná de ná. Insisto, no hacen falta grandes actividades, no tienes que irte a un spa diariamente (oye, que si puedes ya sabes... ve, pero sabiendo que las demás te tenemos interés), o gastarte 500 euros en ropa. 

500 euros en ropa... Piensa en ello un segundo. Ahora voy a hacerte otra pregunta, porque hoy estoy preguntona: al leerlo... ¿en algún momento se te ha pasado por la cabeza algo del tipo "Uy, 500 euros... la de cosas que podría comprarle a mi/s retoño/s con 500 euros"? A mí a veces me pasa. No hay nada como hacerte madre para cruzar todo el H&M sin mirar nada hasta llegar a la sección de niños. Este es un ejemplo de cómo estamos de centradas en nuestros peques, que es genial, cuidao, pero lo que no vale es que no nos dediquemos a nosotras ni la décima parte de primor. Así que ya sabes, anota (ay, con lo que nos encanta eso de hacer listas, jijiji) unas cuantas cositas que sea factible realizar en un ratito, y... ¡hazlas! ;)


 2. ME RÍO DE JANEIRO (y lo practico)

Otro ejercicio chupis que podemos hacer es elegir cada día una cualidad o característica nuestra que nos guste, y ponerla en práctica/explotarla a tope. Ejemplo: Imaginad que tengo una sonrisa absolutamente arrebatadora (jijiji), o a mi me lo parece, y/o la gente alguna vez me lo dice. Pues hoy voy a intentar sonreír más. ¿Se capta? Todas tenemos cosas estupendillas, ¡no dejemos que se oxiden!  Tú lo notarás, ¡y los demás también!



3. ESPEJITO ESPEJITO (dime algo bonito)

Y por último (por hoy): Mirarnos al espejo con un poquito de buen rollo (y clemencia). Tienes claros tus defectos, ¿verdad? Esa mancha en la cara que crece, la hijaputa, que ya mismo tiene cara ella misma a su vez (ojalá le salga una mancha a ella en su cara), ese arco de la nariz que parece diseñado por un estudiante de arquitectura resacoso, esa barriga nueva que vino para quedarse tras el embarazo (y que dijiste que te quitarías haciendo abdominales, pero eso no ha pasado -lo de las abdominales, digo-), ésa, si, esa tripa que tiene afán de fuga pantalonil... "Pegas", todas tenemos auto-peguillas. Estoy segura de que si te pido una lista de las cosas que no te gustan, te sale así, en un plis. Pero... ¿y si te pido una de cosas que sí que te gusten de ti? No os imagináis la de blancazos que he visto en consulta con este ejercicio. O la de veces que me escriben cosas que "les dicen los demás" pero que ellas no comparten. Ay.

La cuestión es que no podemos estar siempre recordándonos lo que no nos gusta. Imaginad que tenéis a alguien al lado que no para de deciros cosas feas (vamos, un Pepito Grillo di merda). ¿Cómo os haría sentir? Pues eso hacemos muchas veces sin darnos cuenta con nosotras mismas. Así que vamos a intentar cambiarlo: a partir de ahora, al mirarnos en el espejo, vamos a fijarnos en lo que sí que nos gusta, en esos detallitos nuestros que tienen su punto (tsssss, esas tetas de madre son la "pera limonera" -o el "melón molón", eso ya depende de tamaños-, ese culillo agarrable, esos ojos de "femme estupender"...) y a decírnoslo, igual que hasta ahora nos hemos dicho lo malo. ¿Lo intentamos? Puede que al principio cueste, porque los ojos se nos van a... Pero "haz un poder". ;) Al menos procura, por cada vez que te pilles observando (y criticando) algo "malo", contrarrestarlo luego con algo bueno y bonico. (En otro post contaré qué podemos hacer con las cosas que no nos gustan, que en este ya estoy charlando mucho)

En resumen: 
  • Automimo: dedica 5-10 minutos al día (que eso no es ná, tardas menos en hacer cac...) a hacer cosas que te resulten agradables a ti, que sean para ti. No parece mucho tiempo, pero si lo hacemos todos los días irá dejando posito, ya verás. 
  • Explotar nuestros puntos fuertes: si tienes algo que te gusta de ti, ya sea físico o de tu carácter, ponlo en práctica, explótalo que para eso lo tienes. Te sentirás bien, y los demás lo notarán seguro. 
  • Doña Clemencia: al mirarte al espejo intenta no ir directamente a las cosas que no te gustan o que cambiarías... (ojo, tampoco vale evitarlas). Vamos a hacer justo lo contrario, es decir, fijarnos en las cosas que sí que nos gustan, que tienen su puntito, oye.
Y para que sea más facilito de hacer, os dejo un imprimible cursi-del-tó, en el que podréis anotar vuestros puntos fuertes, hacer un listadito de cosas que podéis hacer por vosotras a diario y planificar el automimo. ¡Espero que os guste! Lo he hecho en tamaño folio para facilitar la impresión, pero luego si queréis podéis recortarlo en casa y así tenéis tres "papelicos" independientes (que cada una se lo monte como quiera, jejeje).



DESCARGAR "YOMEMIMO DE LAPSICOMAMI" (Aquí)
Advertencia: Me ha salido una cosa extrañamente cursi para lo que vengo siendo yo...
Disculpen las molestias.

¿Os apuntáis al #yomemimo? ¿Se os ocurre otro nombre mejor? La espesura se ha apoderado de mi hoy, y no me deja. Bueno, sea con el nombre que sea... ¿lo hacemos? Porque con el ritmazo que llevamos, muchos días se nos olvida demostrarnos a nosotras mismas que nos queremos. Pero nos queremos, porque somos lo más. He dicho.

Besitos de madre automimosa. 
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