jueves, 12 de mayo de 2016

En la nevera de unos padres

- Vamos a comernos estas semillas, Pichona, que se van a caducar
- Ay, pero mira este cupcake, ¿no te apetece más, Pichón?

El otro día me di cuenta de una cosa curiosa: la nevera (y su orden) es un tema que muchas, muchas, parejas sacan a la palestra en un momento u otro de la terapia. De hecho, he de reconocer que yo misma he pasado por debates parejiles acerca de ella (y cuando digo "pasado", quiero decir "sigue pasando" y probablemente pasará).

¿Qué tienen los frigoríficos?
  • El superviviente: En toda nevera vive, sí vive, una bandeja de lomo adobado a medio consumir, o un pimiento triste y solo, que lleva ahí dos semanas más de lo que cualquier inspector de sanidad daría por "apto para el consumo humano". 
    • Al principio lo guardas convencido/a de que lo vas a gastar. 
    • Al día siguiente piensas "Hay que comérselo ya, que se va a poner malo". 
    • Esa noche no sólo lo piensas, también lo dices en voz alta por si alguien se anima a cocinarlo. No sucede. Cenáis otra cosa. 
    • Dos días después ya lo tienes tan visto (porque cada vez que abres la nevera ahí está, acechando, haciéndote sentir culpable) que te da perezón. 
    • Si esa noche no lo preparáis va a pasar lo que no queremos que pase... y es una pena. Y como a veces nos resistimos a ser de "esos que tiran comida, estando el mundo como está" en vez de tirarlo lo que hacemos es dejarlo en la nevera. Le perdonamos la vida. 
    • El producto se convierte en motivo absurdo de discusión. Una cosa muy bonita es cuando tu pareja te increpa dice que Por qué no lo has tirado. Esa pregunta hace saltar la ira de satán, porque... Si lo has visto, amor, ¿por qué no lo has tirado tú? Eso te preguntas, claro. Pues no lo ha tirado por lo mismo que tú, por lo que decía en el punto anterior.
    • Y así entramos en un bucle sin fin: el "bucle del pollo seco".*
* Fuera de bromis, tirar comida es mal. 

Por lo menos hay dos y se hacen compañía

  • "Buenas intenciones": todos tenemos productos "sanísimos" y estupendos que compramos con todo el ánimo y toda la buena intención del mundo, pero que no terminamos de darles salida porque... saben a rayos / no sabemos cómo cocinarlos guaymente /al final prefieres otra cosa porque yo qué sé. 
    • La segunda fase de este intento pasa por volver a comprar el mismo producto, peeeeeero mirando recetas en internet. Suerte. 
  • Los imanes: si antes los imanes servían para recordarte esos lugares fantásticos a los que viajaste, ahora sirven para sujetar el planing de revisiones con el/la pediatra, las actividades extraescolares y una hoja con la dieta que no vas a quieres hacer.
  • Oh, congelador: No sé vosotros, pero desde que no tengo tiempo ni de mear soy madre, el número de congelados ha aumentado en mi nevera. Y no me refiero sólo a productos ultracongelados, hablo de tuppers y tuppers con puchero, albóndigas... (de cuando te pones a cocinar por fin y haces para dos meses), de ese pescado que compraste y nunca cocinaste porque preferías no cenar a tener que cocinar al final preparaste otra cosa más rápida. Ea, que el congelador pide clemencia o una expansión. 
  • El caprichito: esos "petitsuises" de chocolate que en verdad le compraste a tu retoño (porque de vez en cuando no pasa nada)... Sí, los que compraste junto con tus yogures 0,0%. Esas deliciosas "porciones de pecado" en realidad te las acabas comiendo tú furtivamente. Eso sí, le dejas al menos dos de muestra al peque. ¡Viva el autocontrol!
Y aunque al principio mencioné el orden neveril, mira, ni entro en el tema, porque eso da para dos volúmenes (con encuadernación de lujo que te crujo) como poco y yo tengo hambre, y creo que aún quedan "petisuises" en la nevera, si es que no se los ha comido Mimaromo. ;)

¿En tu nevera hay de estas cosas? ¿Ha sido motivo de trifulca el contenido de la misma? ¿Cada cuánto limpias la nevera?


Besitos de madre refrigerada.

PD: Post sin dibu porque llevo dos semanas que no me da la viiiiidaaaaaaaaa (pero lo haré, muajaja)
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...