lunes, 24 de octubre de 2016

Peppa, no me des tormento, Peppa

Parecía imposible que no, pero el frescor (algo) y las lluvias han llegado. Ahhh, la lluvia... qué refrescante, qué necesaria, sí... pero con ella también ha llegado una cosa muy bonita (principalmente para el sector infantil): los fucking charcos

Este post no tiene ningún tipo de giro sorprendente: en el título menciono a Peppa (Pig) y luego hablo de charcos... es evidente que estamos inmersos en el momento "Charco que veo, charco sobre el que salto". 

No quisiera yo cargar las tintas sobre la afamada cercita, creo que la atracción niño-charco es histórica. Seguro que ya en las cuevas nuestros antepasados disfrutaban mojándose los pinreles con las acumulaciones de agua (Y digo agua cuando posiblemente fuera su propio pis... Mira ahora por lo menos es en agua, eso que hemos avanzado. Bien por la humanidad). 

Recuerdo de niña la maravillosa sensación de saltar sobre un charcazo del carajo, pero si os digo la verdad, lo que no recuerdo es por qué me molaba. ¿Por el salpicar? ¿Por ser agua fuera de lo que viene siendo un entorno bañera y/o piscina? A saber. 

También recuerdo el día que terminó mi idilio con los charcos, el día en el que experimenté en mis carnes eso de que, efectivamente, no sabes la profundidad de un charco hasta que metes el pie en él. Ese día me tiré media mañana en el cole (la "metida de pata" literal sucedió a escasos metros de la escuela y ya no había marcha atrás) con ropa de repuesto (rasposa) que tenían en el centro, mientras la seño, con la paciencia del Santo Hobb combinada con la mirada asesina de Sauron, secaba mi ropa en la estufa de la clase. Y cuando digo la mañana digo LA MAÑANA ENTERA, porque sí, el charco era mucho más profundo de lo que nadie podía imaginar, y claro, ante la falta de suelo firme donde tú crees que lo va a haber pues... eso, que perdí el equilibrio y... y lo demás es historia. Historia mojada. 

Aprovecho para lanzar un mensaje de paz y amor: Mamá, Papá, no pasaba nada por haber dejado una muda en el cole sabiendo como sabíais que mi atracción por el agua era inversamente proporcional a mis conocimientos en cálculo de profundidades acuáticas. 

Bueno, en realidad no tengo nada que reprochar, el Karma (otra vez, no paras Karma, copón) ya se ha encargado de dejarme claro que eso pasa, aunque lleves al niño forrao en neopreno, con dos chubasqueros y unas botas de agua que le lleguen a los sobacos. También he de confesar añadir que es posible que en algún momento yo misma alguien animara al peque al grito peppapiggero de "¡Me encanta saltar en los charcos de barro!" (a lo que el peque contestó, en este hipotético caso, en un arranque de esos de hiperrealismo infantil que le dan, con un "Mamá no son de barro, son de agua"). 

Sí, el título de este post en realidad no era un reproche por la influencia de Peppa Pig en mi hijo, sino por la influencia en mí en los adultos que vemos ven dibujos animados y nos venimos se vienen arriba. Ejem. Total, empapaos todos. 


¿Cómo vais por ahí de charquismos? ¿Se os han puesto ya los peques como una sopa alguna vez? ¿También... digoooo... ¿A alguno le ha pasado que ha motivado e incentivado a su retoño para que saltara en los charcos? 

PD: según le estábamos comprando las botas de agua le decía a Migordi "Y con estas botas puedes saltar en los charcos, sí, como Peppa, verás cómo mola", porque sí, aunque no recuerde por qué molaba, recuerdo perfectamente CUÁNTO MOLABA. Larga vida a los charcos (y gracias, siempre, a la persona que inventó la lavadora). 

Besitos de madre con salpicaduras. 

martes, 11 de octubre de 2016

En vivo y en directo

¡Hooola!

Vengo yo a proponerte un plan: 

Este jueves, 13 de Octubre, a las 19:00 en Fnac de Callao (Madrid) será la presentación de "Amor con Ojeras". ¿Te vienes a que te achuche en directo? Jejeje



Será un ratito de charleta (en un ambiente de confianza y buenrollismo), hablando del libro, del deseo, de la pareja y de lo que se tercie (ya sabéis que charlo por los codos, así que cualquier cosa es posible). 

Pues eso, invitados estáis. Ayyyyyy, no me dejéis solaaaaa!!! (Pánico de autora novel, fase 5).

Besitos de madre contentísima 

jueves, 6 de octubre de 2016

La paternidad es una experiencia paranormal

Sí, has leído bien: la paternidad es una experiencia paranormal, es como tener un fantasmita en casa, uno mu simpático y un poco cabronías a veces

Aquí un informe detallado de este Expediente X que es la paternidad: 

SUCESOS INCREÍBLES:
  • Las cosas cambian de sitio. En condiciones normales el mando de la tele suele estar en el sofá salón, al lado de la tele o en la mesa. Pero eso es en condiciones normales... Gracias a nuestro poltergeist tendrás que buscarlo en el congelador, la bañera, una maceta o incluso en otra dimensión, porque hay veces en las que desaparece para no volver. Y cuando digo mando quiero decir llaves, cartera... Estoy segura de que hay otra dimensión paralela en la que todas nuestras cosas flotan en el aire, confusas, preguntándose cómo han llegado allí y si vamos a ir a buscarlas. Spoiler: tranquilidad, estos objetos perdidos acabarán apareciendo, dos o tres semanas después, cuando estés buscando otra cosa que necesitas urgentemente y no hay forma de encontrar. Y así siempre. 
  • De noche, a veces, notas una presencia en tu cuarto (o directamente en tu cama). Estás agotado y has perdido el conocimiento dormido plácidamente y de pronto lo notas: hay alguien mirándote desde el borde de la cama, ahí, de pie, quietecico (o no). Acojona. Mucho. Al parecer los fantasmitas tienen querencia por la juerga nocturna (debe ser que en su dimensión el horario es diferente al nuestro), y les mola, además, invitarnos a participar en ella. ¡Cuantos más seamos, mejor! ¡Bravo! 
  • Se oyen gritos y ruidos extraños. Esta manifestación de nuestro fantasmita particular, la de los grititos, comienza a darse, aproximadamente, a los dos años de haber hecho aparición el mismo en nuestro hogar. Curioso. Aunque también te digo una cosa, casi mejor que haga ruidos, porque el silencio total da mucho más miedo... y tiene peores consecuencias. 
  • Aparecen marcas en tu cuerpo: a veces son moratones o arañazos (es lo que pasa por jugar con un poltergeist), pero en otras ocasiones son pinturas tribales, de significado oculto, en tu careto y/o brazos. Recomendación: mírate al espejo SIEMPRE antes de salir de casa, por si acaso, porque este fantasmita tiene más peligro con una pintura en las manos que siete compañeros de piso universitarios borrachos juntos. 
  • Hay ectoplasma por todas partes, todo el tiempo. Hay quien lo llama "mocos", por normalizarlo, pero yo qué sé, es tal la cantidad que una no puede creerse que todo eso lo pueda fabricar un cuerpito humano tan pequeñito fantasma. 
  • En tu casa, en tus paredes, aparecen extrañas manchas... ríete tú de las caras de Bélmez y de las cuevas de Altamira. 
  • La tele hace cosas raras y pasa a estar totalmente controlada por el peque fantasma. En tu pantalla, de pronto, salen movidas alucinantes: animales con capacidad de hablar, perros con profesiones, aviones que llegan a la otra punta del planeta (y que entienden todos los idiomas del mundo) en dos segundos -por cierto, siempre me he preguntado dónde carajo guarda Jet, de Super Wings, los paquetes... Jummmm, Jet, me parece que tú no pasarías un control de aduanas, eh, campeón...-. 
  • A veces te posee un espíritu, concretamente el de tu abuela/madre, que toma el control de tu cerebro y de tu boca y te hace decir cosas como "Ponle una rebequita al niño que parece que va a refrescar" u "Oye, con la comida no se juega"... Cosas que en condiciones normales tú no dirías... ¿verdad? 
Rescato esta ilustración porque viene que ni pintá para este post y para el inicio de curso. Se ha abierto la veda del moco eterno. ¡Qué guay!



¿Tú también tienes un fantasmita en casa? ¿Algún expediente X más? Jijiji

Besitos de "Madre y Scully" (ofú, qué nivel de humor... ya lo sé, pero me lo perdonáis porque aún estoy convaleciente, ¿verdad?)
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