martes, 22 de agosto de 2017

Verano de Rodríguez paternal... y un síndrome curioso

Si conciliar en invierno, con su colegio y sus cosas, ya es mentira la monda, en verano con sus mesecicos de vacaciones que tienen aquí nuestros retoños ya se convierte en un Tetris humano-tiempo total.

Campamentos, los tíos del pueblo, los abuelos... Cada familia se apaña como puede en estos casos. Tener que separarse de los peques porque no queda más remedio es feucho, la verdad, pero también tiene su lado bueno... O eso piensa uno al principio: le echaremos de menos, pero así podremos tener un ratico para cada uno e incluso podríamos descansar. 

Lo que pasa es que de lo que te imaginas a lo que luego sucede hay un buen trecho, y donde tú creías que iba a haber descanso lo que hay es morriña suprema. Porque no hay nada como ser padre para tragarte tus palabras y pensamientos. ¡Qué bonito todo!

Pero, ¿por qué sucede? Pues mira, el por qué así exactamente no lo sé, pero la cosa es que esto de la paternidad se parece enormemente al Síndrome de Estocolmo: los peques te secuestran la vida tal y como la conocías, pero... pero que no estemos separados de ellos mucho tiempo que si no nos morimos de pena. Ains.

Este Síndrome de Estocolmo paternal se da mucho en verano. Veamos la secuencia morriñosa:

1. Mañana es el día: el peque se va con los abuelos/tíos/primos/campamento. Te imaginas la despedida y te da penica.

Hasta luego, hijomíodemialmaydemisentrañas

2. Te despides de tu hijo y dejas instrucciones a los cuidadores sobre algunas normas (y tal) que os gusta mantener con el retoño.

Abuelo diciendo que sí, que te va a hacer un montón de caso con eso de las normas

3. Te vas/se van. Te entra la penalegría. A priori la idea de pasar unos días lejos de tu pequeño amor te da cosica: ¿Estará bien? ¿Volverá indomable? ¿Me echará de menos? Pero por otro lado la perspectiva de cenar cuando quieras, sin tener que llevar a la cama a nadie después (a nadie... o a alguien, que para eso estáis solitos tu chati y tú, muajaja), la idea de levantarte sin tener que meterle prisa a un ser pequeño y cuajao, eso... eso te pone el corassssón contento.

3. Tras hablar con los abuelos y que te digan que el niño ha comido fenomenal, que ha jugado, dormido, jugado de nuevo y que está feliz, te relajas. Te invade entonces la libertad y todo está bien: el niño está bien, tú estás bien, tu casa está absurdamente ordenada, has terminado todo lo que tenías pendiente de trabajo, has visto dos capítulos de tu serie, has cenado pizza guarrindonga frente a la tele... Espera, no, todo no está bien: todo está FENOMENAL.

Cada uno lo afronta como puede

4. La cosa es que esto de estar solos, aunque haya que seguir currando y sea verano, puede que no esté tan mal...

- ¿Lo oyes?
- ¿El qué?
- La NADA, ¡estamos solo, moreno!
- Jajejijoju, vente para acá, jamelga
- Creo que he pisado un playmobil

5. Tras este festival rato de libertad y amor decides irte a la cama. Te lavas los dientes, bebes agüita (que ya tenemos una edad) y avanzas por el pasillo dispuesto a dormir una noche del tirón, a lo loco. Pero entonces pasas por delante de la habitación de tu hijo... y se te cae el alma a los pies. Mi niño, ¿dónde está mi niño? Y te entra una pena que pa qué. Miras en el móvil sus fotos. Le echas de menos. Mierda.

6. Al día siguiente esto se repite: hagas lo que hagas en algún momento del día te da la bajona. La casa está como con el mute puesto. ¿Y este silencio? ¿Cómo es posible que haya tanto silencio? Recoges la ropa del tendedero y al ver una camiseta de tu retoño se te caen cuatro peos lágrimas.

7. Al día siguiente la serie te interesa menos y ya no solo tú miras fotos del peque en tu móvil: tu pareja y tú os enseñáis fotos del retoño por turnos y hacéis un repaso casi desde que nació, comentando imagen a imagen con morriña total.

- Hala, otro que la palma en la serie.
- Sí, una pena... Oye, ¿llamamos a los abuelos a ver qué tal está el niño?

8. Los días pasan más o menos así hasta que vuelve el peque a casa y entonces ya no tienes ni tiempo para series ni nada, pero cada noche, antes de dormir, entras en su cuarto para darle un beso y al verle... pues te mueres de amor.

*Nota: dependiendo del tiempo de separación (y de las condiciones) puede darse el caso de que haya algunos días, entre los puntos 5, 6 y 7, en el que los padres tengan algo parecido al descanso, puede que incluso se relajen y, pero esto ya se da pocas veces, desconecten una mijita. A pesar de todo llegará el momento de la morriña suprema y de mirar fotos en bucle de nuestro pequeño amor. Librarse de esto es complicado.

*Editado: las que habéis comentado en Facebook me habéis dado la idea de que a esto le faltaba un punto, el de "a veces una necesita esta separación como el comer, y es hasta positivo para ellos y para nosotros, los padres. Y se disfruta aunque a raticos se les eche de menos". Correcto todo. Compro. ;)

¿Te has separado alguna vez de tu peque? ¿Qué tal fue la cosa? ¿Lo dejaste con los abuelos? ¿Volvió a casa en estado salvaje? Compartamos la morriña, jejeje. 

Besitos de madre altamente tierna (mucho, cosa mala). 



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...